En la historia del Partido Revolucionario Dominicano nunca antes un proceso para escoger su candidato presidencial, había contado con una comisión electoral constituida por personas tan honorables.
Lo había previsto en un artículo anterior: esa comisión contaría los votos tal cual sean emitidos en las urnas. Así ocurrió. Ahora Miguel Vargas, quien perdió las primarias de Hipólito Mejía por 6 puntos porcentuales, alega que 200 mil peledeístas sufragaron en su contra y desconoce los resultados de un proceso transparente a todas luces.
Está rechazando resultados de unos comicios cuyas reglas de juego él aceptó, validó y firmó mediante acuerdo. No se justifica que un hombre con un cerebro tan bien organizado no haya previamente advertido anomalías y abstenerse de participar en el certamen hasta que se haga la corrección pertinente.
Es que no es posible que en la convención del PRD sufragaran 200 mil peledeístas. En los pueblos pequeños todo el mundo se conoce, igual ocurre en los barrios de las ciudades. Y lo establecido fue el voto observado ante el sufragio de personas que se sospeche sean del PLD, pero resulta que en esas condiciones solo hay 1,800, una cifra insignificante.
Otro pretexto es el crecimiento de la votación respecto a procesos anteriores, pero ¿acaso ignoran las expectativas extraordinarias que crearon estas primarias? Una población que viene dando señales evidentes de rechazo al gobierno. Y, conforme a las encuestas, se observa al PRD como la única organización en capacidad de desalojar al PLD del poder en el 2012.
Pero ya escribí en una entrega anterior de la vocación autodestructiva que históricamente ha caracterizado al PRD. De sus errores internos solo se beneficiaron sus adversarios y ese balance debía de servir de experiencia para que prevalezca el buen juicio, el entendimiento interno y rectificar alegatos infelices.

