Como nuestros servicios de meteorología no pegan una, me tomo la facultad de lanzar esta alerta de huracán temprana para llamar la atención al hecho de que mientras acá seguimos debatiendo las insignificancias de la reelección presidencial o los chismes políticos derivados del 16 de agosto, la economía mundial se viene cayendo por pedacitos.
Mientras acá seguimos pendiente del forcejeo político en el Senado, ya la Reserva Federal de Estados Unidos viene gastando sus últimas municiones para evitar una espiral deflacionaria en la economía de nuestro socio comercial más importante. Una deflación en Estados Unidos ahora, y en efecto estaríamos entrando en una crisis económica del tipo de la Gran Depresión.
En República Dominicana le seguimos celebrando el estúpido show de una irrelevante cualquiera como Sobeida, y la calificadora de riesgos Moodys advirtió de una revisión a la baja de la calificación de las deudas soberanas de España, Francia, Alemania, Italia y Estados Unidos, debido a su bajo crecimiento, la alta deuda y a los déficits presupuestarios que arrastran. Algo que sería único en la historia desde que se viene realizando ese tipo de calificaciones.
Nuestro país sigue debatiendo la constitucionalidad de una reelección del Presidente, mientras los indicadores económicos muestran un freno notorio en el crecimiento chino, quizás el principal motor en el crecimiento global en los últimos 20 años.
Y esperamos que alguien nos resuelva el problema mientras nos seguimos ocupando del chisme. La realidad es que no hay nadie para rescatarnos.
Sé que peco de alarmista, y en cierta medida estoy confiado en que una recesión global de doble inmersión (double dip) que entre y salga rápido puede que no surta en demasiado daño a este país, pero el riesgo de que degenere en una depresión global es demasiado alto como para ignorarlo, y en una depresión ahí sí que no va a haber forma de salir bien parados.
Por un lado las autoridades se ven determinadas en aumentar la recaudación tratando de afinar los instrumentos que ya tienen, y así poder argüir que no han aumentado los impuestos, técnicamente teniendo la razón. Pero por otro lado, no se ve de forma determinante un deseo desde el Gobierno para reducir sus gastos.
Y hay que reducir los gastos, y de forma drástica, si deseamos mantener la relativa estabilidad de la cual hacemos alarde. Pero contrario a los discursos risibles y ridículos de la oposición, sugiero un recorte bien pensado. Obras como el Metro y el Corredor Duarte en la actual coyuntura son excelente inversión porque dinamizan la economía creando empleo y movilizan sectores que de lo contrario se verían estancados, y que van a agregar valor para el resto de los sectores una vez concluidos.
Lo que sí se debe, sin embargo, es recortar el gasto corriente, reduciendo el enorme tamaño del Estado dominicano. Podemos reducir primero las entidades con funciones duplicadas, y de ahí partir. Pero basta de perder el tiempo en debates absurdos en un barco que se viene hundiendo en medio del huracán, porque a este ritmo seremos todos los que nos ahogaremos.

