Pienso que es mandatorio que las agencias internacionales destaquen que en Guayajayuco, sección de Pedro Santana, Elías Piña, la señora María Iluminada Batista (Mamín), duró 40 años viviendo en condiciones adversas para garantizar presencia dominicana en la frontera, y que salió sumida en la miseria a un asilo en Dajabón, donde murió pasando hambre, pero al público eso no le importa.
Sueño ver, en uno de los programas que realizan encopetadas damas, la historia de Antonio Ventura (Papo) que trabajó 30 años trabajando en pro de la organización de nuestros campesinos y al final tuvo que irse con su familia a New York a trabajar en condiciones precarias y en vez del retiro le puede suceder que lo cancelen.
Espero que los matutinos destaquen el ejercicio sacerdotal de Regino Martínez en Dajabón y su apego a los pobres.
Debe ser cuestión de poco tiempo que los periódicos digitales valoren que Rosa Elvira Romero, haya pasado 50 años dedicada a la medicina pública en Neumología, y que este darse a los demás no le haya dejado riquezas materiales.
Prontamente todos los programas radiales de panel, incluyendo uno al que espero nunca tenga que ir, se pongan en cadena para una entrevista a doña Goyita, desde La Joya, Santiago, para que cuente su experiencia de más de 60 años en un magisterio que le deja ingresos que apenas dan para los medicamentos que usa.
Un día los programas de televisión entrevistarán a don Salvador, quien lleva 80 años dedicado a poner a producir la tierra y ha levantado una familia que es ejemplo en La Jaiba, de Luperón, Puerto Plata.
¡Qué logorreico ando! Esos ejemplos no venden, esas vidas de decoro y decencia no importan. Es preferible dedicar espacio a una pareja cuyo logro es sobornar y llevar dolor y muerte a miles de hogares. Sus nombres, no vale la pena escribirlos, y siento que ensuciarían de m los dedos del que escribe algo más que salud.

