El breve espacio en que escribo parodiando el título de la canción bellísima de Pablo Milanés: El breve espacio en que no estás (que en el disco doble Querido Pablo, antes de cantarla se le escucha decir a Silvio Rodríguez: Pablo, esta canción es tan hermosa que debí haberla escrito yo), no me permite hacer rejuego con los temas como antes, y debo escribir exprimiéndolos, ahogado en un estilo que no contiene el arte de aquellas famosas Crónicas de un sí y un no, de don Pedro Mir, de la primera aparición de la Revista ¡Ahora! Por eso hoy, en que quiero reiterar mi imperfección, y cuán seguro estoy de ella, no tengo espacio para demostrar, y demostrarme, cuantos vicios poseo, todo esto a propósito de que un lector de aguda percepción me abordara en un ascensor y me hiciera saber que aprueba lo que lee en este espacio, pero que nuestra comparecencia en el programa de TV homónimo del canal 4 no luzco auténtico. Eso no es verdad. Lo que sucede es que no es lo mismo escribir pensado este contenido, que montar un programa de televisión que aunque sigue un guión y responde a un esquema educativo cerrado, no resulta fácil, mucho más si nos vemos obligados a lidiar con la política y las deficiencias del canal, aparte de las nuestras propias, de ésas que, aunque quiero, y me planifico para sacarlas nítidas, me fallan, me salen chuecas y me hacen ver qué limitado soy como presentador de TV, y por demás son imperfecciones que debo agregar a las que poseo como médico, profesor, escritor, político, empresario chuipi, y sobre todo aquellas que aún no logro corregir como padre, esposo, hermano, amigo y las que no pude arreglar como hijo.
Pero debe saber algo el interpelador del ascensor: Sé que tengo todas estas limitaciones, pero el poco porcentaje de cordura que me queda me permite verlas y lucho por mantenerlas a raya, tarea que se refleja en el mismo contenido de hoy de algo más que salud.

