La perfecta alegría II
A Lidia García y al padre Rogelio.
Hoy es Día de “San Francisco de Asís”. Lo tengo presente porque mi madre fue su devota fiel. Esta vez rememoro al de Asís, pensando en el Francisco de hoy que es Papa, quien tomara su nombre para el pontificado, quien ha asumido un ejercicio de similitud con el de hace unos 9 siglos, pero luce atrapado en una Iglesia que anda perdida en los abusos sexuales de los sacerdotes a niños y niñas, y que precisamente por ello ha perdido credibilidad. Yo creo en este y aquel Francisco y recordaré la anécdota del primero que cité hace precisamente un año:
“Iban San Francisco y el hermano León camino de Santa María de los Ángeles, atormentados por el frío, cuando el hermano León le preguntó: “Padre, te ruego me digas dónde está la perfecta alegría”.
San Francisco le respondió:“Cuando lleguemos a Santa María, completamente mojados y muertos de frío y hambre, y toquemos a la puerta del convento, y el portero, irritado nos diga: “Son dos vagabundos que buscan engañar al mundo y roban las limosnas de los pobres; fuera de aquí”. Y no nos abra y nos deje a la intemperie bajo la nieve y la lluvia… entonces, si soportamos tal injuria y crueldad, pacientemente, sin perturbarnos y sin hablar mal de él (…) escribe que en ello no está la perfecta alegría”.
Y si tocamos una vez más y pedimos por el amor de Dios, que nos abra la puerta, y él, más escandalizado… saliera de ahí con un palo golpeándonos y nos arrastrara por la nieve: si nosotros soportamos todas esas cosas con alegría, pensando en los sufrimientos de Cristo bendito. ¡Oh hermano León! escribe que ahí, y en eso está la perfecta alegría. Por encima de todos los dones del Espíritu Santo, está el vencerse a sí mismo y, voluntariamente, por amor, soportar trabajos, injurias, oprobios y desprecios”. Esa perfecta alegría es “algo más que salud”.

