Opinión

Algo más que salud

Algo más que salud

La muerte de mi amigo Miguel Cocco y el ir y venir de la “Gripe del Miedo”, como llamaré a esta influenza que va a pasar sin pena ni gloria, me impidieron referirme a lo que llamé la firma de un acuerdo de negocio entre Miguel Vargas Maldonado y el Presidente del país y del PLD: Leonel Antonio Fernández Reyna.

Pero debo dedicarle un párrafo, a modo de epitafio, a la gripe AH1N1. Respeto el esfuerzo hecho por la SESPAS y reitero que sólo nos guiaremos por las orientaciones del Ministro de Salud, pero ya le he hecho saber a mi familia que en caso de que me diagnostiquen la “Gripe del Miedo”, que el tratamiento que quiero para mí, apoyándome en el acápite h del artículo 28 de la Ley General de Salud: “Derecho a decidir, previa información y compresión, sobre su aceptación o rechazo a asumir el tratamiento…”: No me internen, déjenme descansar en casa tomándome mi limón con miel de abeja, acetaminofén para la fiebre y los dolores de cabeza y el cuerpo, mucho jugo de naranja, cereza y chinola y mucha comida. Eso es lo mismo que he hecho con todas las gripes que a razón de dos por año me han dado en mi dilatada existencia y no he muerto (¡claro!), a pesar de que esas gripes han matado casi medio millón de personas en el mundo, y esta (¡terrible!) aún no llega ni a 100. Que a nadie se le ocurra darme ninguno de esos medicamentos salvadores por muy gratuito que sea. Si me complico, que me lleven donde Iñaki a recibir acupuntura en la Escuela “Nei Jing”. Ojalá reciban esta atención, con los cuartos incluidos, los programas de malaria y dengue, accidentes de tránsito, diarreas, mortalidad materna e infantil, la delincuencia, tuberculosis, embarazo en adolescentes, adicción a drogas, entre otros que sí nos dejan una estela de muertos.

Vamos ahora con el “Acuerdo Comercial”. No tengo la suerte de conocer al próspero comerciante Miguel Vargas (no creo que gane nada de humanidad conociéndolo), quien hace poco se adjudicó en una subasta no pública la mayoría de las acciones de una empresa de próspera actividad llamada Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Tampoco conozco (los años juntos a él, en el PLD, en el mismo organismo, fue otra la persona que traté), al otro suscribiente del acuerdo  firmado el pasado 14 de mayo, Leonel Antonio Fernández Reyna, quien por esfuerzo propio y supuesta herencia, hoy detenta la propiedad del otrora instrumento boschista que buscaba la construcción de una mejor sociedad, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

No sé si en el PRD, C x A se le permitía al empresario Vargas Maldonado arribar a un acuerdo con su colega, pues no conozco sus estatutos, pero el que yo estoy seguro que no estaba autorizado a hacerlo fue el presidente del PLD, pues al firmarlo estaba violando los artículos: 2, en sus acápites a, b y d; el 9 en su literal p; el 18 en sus acápites b y e, pero sobre todo el literal l del mismo 18 que reza: “Son atribuciones del Comité Central sancionar las alianzas o acuerdos que proponga el Comité Político con otras organizaciones políticas.” El literal b del artículo 21 es todavía más claro: “El Comité Político tendrá por funciones: Dirigir las relaciones del Partido con otras organizaciones políticas, con el Estado y las relaciones partidistas internacionales, previa consulta al Comité Central”. Luego el Comité Político refrendó el Acuerdo a unanimidad (con ausencia de vergüenza), volviendo a violar los estatutos, pues es el Comité Central el único autorizado a hacerlo.

Para que quede más claro la acción del Presidente del PLD veamos estos artículos del Reglamento Disciplinario del Partido morado: Artículo 10, acápite c: “Faltas muy graves son aquellas cometidas de manera internacional, que creasen daños graves al Partido, sean estas a sus bienes materiales, como a su integridad unidad o imagen pública”. El 18 establece: “El nivel jerárquico constituye una circunstancia a ser tenida en cuenta… de modo que a mayor nivel jerárquico corresponde una mayor responsabilidad por la falta cometida”.

El presidente del PLD violó los Estatutos, de forma grave, pues, para su conveniencia particular arribó a un acuerdo que compromete y afecta a todo el partido, y ese acto sólo era atribución del Comité Central, y cualquier miembro del PLD, entiéndase bien, cualquiera, puede someterlo a su Comité Disciplinario que integran 9 miembros del CC, vía la Secretaría General  (artículo 19), y tiene un plazo de 6 meses para hacerlo. Uno que estoy seguro hubiera dado ese paso, si no hubiera renunciado como miembro del PLD, es el autor de “algo más que salud”.

PD. Como nadie ha querido recibir nuestra renuncia del PLD, la depositaré el 30 de junio en la tumba de Juan Bosch, en La Vega, a la que llegaré caminando desde la capital en el centenario de su nacimiento.

El Nacional

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