Opinión

Algo más que salud

Algo más que salud

A los pies del maestro

Luis Franco escribió: “La verdadera maestría se prueba con que los discípulos no se parezcan a su maestro ni tampoco entre sí”. Empiezo con esta cita a propósito de que ayer era el “Día del Maestro”, que coincide con el natalicio de uno de los que tuve: Juan Bosch, y por quién recorrí casi 100 kilómetros, en el centenario de su nacimiento, para renunciarle al partido que fundara, dirigido ahora por otros alumnos negadores de sus enseñanzas.

He sido profesor por lustros, pero no me siento maestro.

Hoy día, con la magia del Internet, y todas las herramientas que nos da este mundo globalizado, nos llegan a la mano todos los conocimientos, pero aún así se requiere de la orientación de alguien más experimentado. Teóricamente puedo conocer como se hace un pan, o como se pone un taco a un zapato, es posible que una página de la red me de todos esos pormenores, pero en procura de la calidad, de la excelencia, debo recibir las explicaciones, los detalles del cómo hacerlo. De todo esto, lo más trascendente en el oficio de enseñar es que lo hagamos con amor, sin esconder algo para que el alumno luego no pueda competir de a igual con nosotros, y por sobre todas las cosas que sea para bien, que sea algo que le sirva a los demás.

No debe considerarse maestros a los funcionarios corruptos que les muestran su ejemplo a hijos y subalternos. Tampoco es maestro el sicario que enseña su “arte” de matar.

Nunca olvidaré una maestra de escuela, con la que estuve relacionado afectivamente, y que salía en horas fuera de clase a resolver problemas de algunos de sus alumnos. Tenía amor por lo que hacía. Cierro con Franco: “Es mejor ignorar con sencillez, que saber con pedantería”. “No sabes llevar bien tus harapos, decía un viejo mendigo a un joven aprendiz”. Andamos en esa onda en “algo más que salud”.

El Nacional

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