Opinión

Alianzas inmorales

Alianzas inmorales

La resistencia al cambio de paradigma produce situaciones increíbles por la orientación, impensables para quienes procuramos mantener una conciencia equilibrada y sana, pero jocosas en los sucesos que representa.

El arquetipo a cambiar, corrupción por transparencia en la base del poder democrático, empieza en las instituciones administradoras del Estado que,  como reflejo de la sociedad en que vivimos, despide olor a podrido con solo levantar una esquina de la alfombra que lo cubre.

La reforma constitucional es el escenario ideal para reconocer el vacío ético y moral de los partidos y de  instituciones poderosas como la Iglesia Católica, entre otras, a través del Congreso que, finalmente, es el reflejo de esta sociedad, imaginada con insistencia para tener mucho y valer poco.

A las valientes denuncias de dos mujeres periodistas sobre el abuso de los recursos públicos, temblaron personas señaladas, llovieron disculpas y  hubo  algunas cancelaciones. Poca  acción para tanta depravación.

El caso de antología, lo protagoniza un diputado con funciones de secretario y comprensiblemente conocido como “El Querido” por esos predios, que corrobora la acción de tener familiares en nómina diciendo: «Que lo sepa la opinión pública que tengo a mi papá en la nominilla y nadie me va a sacar a ese viejo que come de su hijo, ni Valentín me lo saca», y justifica el salario como chofer a su hermano porque «hizo campaña conmigo y se lo merece».

(Hay un gran número de parlamentarios/as convencidos que el pueblo debe asumir las carencias individuales familiares, emocionales y afectivas de sus parientes, sin que acaben de reconocer que cada uno/a es responsable o no, solidariamente o no, de sus propias carencias familiares y de entorno).

Esas personas con esos principios éticos, deciden la suerte de nosotras, las mujeres del país, son voceras de partidos sin moral y sin ideales, están en el poder para lucrarse, militan en la desvergüenza y la doble moral, y reciben el apoyo de la jerarquía católica romana con la única condición de que la mantengan y comulguen en misas que conmemoran y festejan sus alianzas.

No hay poder sano en los partidos políticos que no reaccionan frente a sus representantes y les bajan líneas a partir de presiones por dinero/poder y nunca por concepciones. Las leyes no se ratifican aplicándolas y sirven poco porque la descomposición corrupta las manipula. La jerarquía católica mezcla sexualidad con reproducción y misoginia, mientras pesca en río revuelto para seguir siendo.

Atención, pueblo, al vacío conceptual tan grande y peligroso!

El Nacional

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