De distintas edades, lugares y afiliaciones políticas, tienen un común denominador. Sus triunfos se traducen en fracasos para el país. De la forma que sea, se han ido descalificando y perdiendo valor para ser parte del nuevo proceso social y político que demanda la sociedad dominicana. Un vistazo en rededor nos permite apreciar notables cambios en las estructuras de poder, que dejan fuera el rancio y atrasado modelo -representados en ellos-, quienes insisten en entronizarse. Pueden ser tolerantes, pero a ninguno se le puede calificar como demócrata.
Nacido en un campo de La Romana, en el seno de una familia muy humilde, Amable Aristy cumple 65 años de edad el entrante 2014. Cuatro décadas de militancia reformista definen una carrera ascendente, con buenas oportunidades para hacerse de una respetable y objetable fortuna, no así de una formación que le permita competir ni estar a la altura de hombres al frente de los países de la región. Paternalista y pródigo, de suaves manera y buen trato responde, más bien, al molde conchoprimezco del cacique provinciano cuya presencia limita el desarrollo político y económico. Empeñado en convertirse en una figura nacional, con pretensiones presidenciales, Amable distrae recursos y tiempo, descuidando acaso el sitio y oficios en los que ha sido exitoso.
Presentar a Leonel Fernández resulta ya redundante. Con 60 años en diciembre, de los que ha gobernado durante doce, no oculta sus aspiraciones de volver al poder pleno, del que –nadie duda-, conserva una buena parte. Tener la justicia en un puño le permite, en cierto modo, incidir significativamente en todos los sectores de la vida nacional. Poder que utiliza de manera tan abusiva que inocultablemente se ha dejado sentir en el PRD. Las decisiones del Tribunal Superior Electoral [TSE] apuestan a la división de ese partido. El PLD tiene que estar necesariamente dentro de sus metas, sin menores riesgos que los corridos aquel. Lo cual no excluye, por supuesto, al propio presidente Medina, quien luce atado de pies y manos frente a la envestida leonelista. Esta tampoco es un ejemplo a seguir. Principesco, monárquico y personalista hace tiempo que carece de simpatía y el menor respeto de los pueblos latinoamericano. Con un par de excepciones en las que Leonel pretende mantenernos atrapados.
Entre aquellos dos zorros curtidos en el manejo del poder, no podemos decir que Miguel Vargas sea un muchacho con casi 63 años de edad. Sin embargo, puede ser considerado un político bisoño, probablemente a merced de este ultimo. Aun cuando haya pasado su vida partidista en el PRD, tiene mucho que agradecer a Leonel, comenzando por el espectacular y moteado pacto de las Corbatas Azules.
POR: Eduardo Álvarez

