Estados Unidos acaba de cosechar en Afganistán otra derrota, en la pendiente de su declive neo-imperial. La invadió en el 2001, detrás de Osama Bin Laden, líder del extremista Al Qaeda, señalado autor del macabro derribo de las torres gemelas de Nueva York, y erró porque el genocida fue localizado y ejecutado en Pakistán. Pero prosiguió como intruso en esa nación centroasiática en su añejo proyecto expansionista económico/militar, frenado localmente por la audacia de los guerreros del Movimiento Islámico Talibán.
En esa conflagración, el “Goliat” del Norte de América en 20 años gastó 978 mil millones de dólares, y mató a más de 100 mil militares y civiles afganos. Esas y otras cicatrices han zurcido la muy conocida animadversión contra el Tío Sam, personificación oficial de Estados Unidos.
Después de su contienda y declaración de independencia del Reino de Gran Bretaña, el 4 de julio de 1776, continuó con su Ejército Continental, y se consolidó como una Nación guerrerista, en su cometido de ave de rapiña. En ese barril, compró territorios en ultramar, los adquirió a través de tratados con maniobras diplomáticas o arrebató en el espolón de las llamaradas de sus naves marítimas o aerotransportadas, infringiendo el derecho internacional. En el siglo XXI está amenazada su integridad como Nación, en el vendaval de su política del Gran Garrote, que apila a decenas de miles de muertos.
Las “fronteras fuertes” y principales desafíos de Estados Unidos son, en estos momentos, el sistema migratorio, el terrorismo y su competencia cerrada con China, que apunta a convertirse en la primera economía mundial.
Regresemos a República Dominicana. ¿Quién descarta que, apoyada en el acuerdo de prechequeo turístico, rubricado el primero de diciembre de 2016 entre Estados Unidos y República Dominicana, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) utilice los aeropuertos dominicanos para operar centros clandestinos de detención? En estos Black sites o “lugares negros”) son arrestados y torturados, en la línea de investigaciones sobre células terroristas, sin ninguna vigilancia y con poca probabilidad de conseguir evidencias de sospechosos, en la “guerra contra el terrorismo”, como han denunciado The Washington Post y otros medios norteamericanos.
Naciones europeas han sido censuradas por ceder el control de sus cielos y aeropuertos en vuelos para la CIA transportar ilegalmente a detenidos, a veces fantasmas, a fin de frustrar secuestros de aviones de pasajeros y ataques contra el pueblo norteamericano, como los de Al Qaeda, así como de embajadas y consulados gringos.
¿Acaso es ese el propósito de la preautorización por la Dirección de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, pero transgrediendo la soberanía nacional y la Constitución de la República?.
Por: Oscar López Reyes
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