La llegada del 2010 fue esperada en las bahía de Sydney por 1.5 millones de personas, tanto locales como turistas, quienes previamente presenciaron un impresionante espectáculo de fuegos artificiales realizado desde seis barcazas. La Policía australiana prohibió el consumo de alcohol en los parques que rodean la bahía para evitar la ocurrencia de los incidentes de años pasados, cuando se produjeron peleas entre bebedores que quitaron vistosidad al espectáculo.

