El año 2018 está a punto de terminar y la gente se prepara para despedirlo, pero sobre todo para recibir al 2019. Ojalá y los dominicanos que celebran, exhiban prudencia en el consumo de alimentos y de alcohol (aquellos que toman) y opten por el recogimiento de hogar para prevenir hechos que resulten lamentables.
Las fiestas navideñas constituyen una hermosa tradición de la cultura dominicana y de muchos países del mundo. Y en la noche del 31 de diciembre la gente suele reunirse con miembros de la familia, amigos y vecinos para esperar y dar bienvenida al año entrante en un ambiente de festividad y fina cortesía, porque no faltan vocablos como salud, alegría, paz, bendición, destino, dinero, deseo, esperanza, éxito, gozo, felicidad, triunfo, viaje. Hay verdaderos expertos construyendo oraciones y párrafos de deseos para dirigir a los demás de forma oral o escrita.
Pero el dirigir hermosos deseos a los demás es una simple costumbre, una cortesía propia de la fecha, que lo expresado muchas veces (en ocasiones el deseo es real) no está en consonancia a un real sentimiento, por lo que hay que coger y dejar y hasta sumarse, aunque no sea costumbre en uno, a un coro con matices demagógicos.
De todas maneras, el año nuevo siempre es propicio para la reflexión y la elaboración de una lista (programa) con temas establecidos como metas a alcanzar durante los doce meses. Las personas, sobre todo las personas jóvenes, tienen que tener metas y luchar para cristalizarlas, muchas veces abandonando el confort de la cama, el entrenamiento de la televisión, las redes sociales, el juego de domino y los deportes físicos, para dar prioridad al estudio y al trabajo.
(Recuerdo que, siendo un joven estudiante de comunicación social, mis metas eran terminar la carrera, tener un carro, casarme y procrear hijos. Esas metas se cumplieron todas, ahora estamos disfrutando de los nietos, sin abandonar aspiraciones futuras, aunque con las limitaciones propias de una persona que supera las 6 décadas). Hay muchas expectativas para el 2019.

