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Antes del amanecer

Antes del amanecer

Todos y todas, l@s que conozco sufren de una intensa agonía pre-parto. Doquier se mira, un enemigo inesperado parece poner todo patas arriba. No hay retórica que valga.

Desde Bolivia (donde, por cierto, la OEA y la Bachelet acaban de declarar que Evo no hizo trampa y que el golpe militar fue eso, un golpe, con la vergonzosa complicidad de una mujer que no merece el nombre de mujer); al Ecuador, Perú y Chile, donde los muertos suman millares. Y, desde luego, Brasil, donde una versión latina de Trump insiste en negar el impacto de un virus incontrolable que está devastando a la población a pesar de su retórica, toda América Latina convulsiona.

En China, ha habido un rebrote del COVID que se atribuye al salmón importado de Francia y todos hemos dejado de comerlo, aferrados a una dieta estrictamente vegetariana.

Y, con el virus, la devastación de las economías: las pérdidas billonarias, el desempleo y el fantasma del hambre. Lo que no había logrado el hombre con sus huelgas, sus luchas, y sus revoluciones truncas, lo ha logrado la naturaleza: mostrar los pies de barro de un sistema, el capitalismo salvaje, que parecía indestructible e indetenible.

Locura desatada del hombre contra el hombre, con su feroz avidez acumulativa, en un mundo donde la naturaleza puede proveer para todos y todos podríamos estar con nuestras necesidades básicas cubiertas, satisfechos y felices, si no fuera porque muchos ansían tener más y más, aunque para ello tengan que despojar a los demás de lo básico para sobrevivir.

Después de los árboles en las áreas protegidas, le ha tocado a las dunas de Bani, donde se han lanzado los piratas a cercar y construir, con una geofagia que no conoce límites y que parece desatada en este período político pre-electoral, el más peligroso para el país porque es el de ¡Sálvese quien pueda!. ¡Por Dios Montalvo: ¿hasta cuando hemos de tolerar al ministro de medio ambiente Estévez?

Dice el intelectual brasilero Rui Barbosa que:

“De tanto ver triunfar las insignificancias, de tanto ver prosperar la deshonra, de tanto ver crecer las injusticias, de tanto ver agigantarse los poderes en las manos de los malos, el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra, a tener vergüenza de lo honesto”.

Empero, de este período, de estas contracciones, de este dificilísimo parto, de este caos, la era está pariendo una nueva humanidad. O más respetuosa de la naturaleza, o más suicida. Y esa es la brecha. En esa resquebrajadura radica la buena noticia.

Como afirmaba Don Juan: Nunca es más oscura la noche que cuando va a amanecer.
Y está amaneciendo.

Por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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