Opinión

Apego al poder

Apego  al poder

Pedro P. Yermenos Forastieri

La conquista y preservación del poder es el objetivo esencial de los políticos y de los partidos a los cuales pertenecen. Para desdicha de las poblaciones, en la generalidad de los casos se trata de un propósito que poco tiene de intención real de solucionar los problemas que aquejan a estas.

El destino mismo de la humanidad fuera muy diferente a este presente pesaroso, si los líderes que han manejado las políticas públicas hubiesen actuado a partir de motivaciones decorosas.
Si el espíritu que primara para la participación en las gestiones gubernamentales fuera que quienes accedan a ellas lo hicieran para aportar talentos, capacidades, tiempo y sacrificio en la construcción de un mejor entorno social, la política solo fuera asunto de interés para personas con enraizada vocación de servicio, aquellas que sienten particular satisfacción en contribuir con la mejoría de las condiciones materiales de existencia de los demás.

Esa, no obstante, no es la realidad. El involucramiento en los asuntos públicos se hace a partir de impulsos espantosamente bajos, inicuos y muchas veces como refugio desesperado ante ineptidudes para alcanzar peldaños económicos y sociales al margen del soporte siempre generoso del poder cuando es concebido bajo ese prisma. La búsqueda independiente de la subsistencia es tarea para intrépidos, corajudos y perseverantes.

Lo vergonzoso es constatar que ese apego frenético a las fuentes mágicas que proceden desde el Estado no se reduce a los oficiantes de la política sino que, con frecuencia, presenciamos conductas lastimosas asumidas por quienes se supondría que no tienen necesidad de permitir que sus dignidades sean tan pisoteadas por el mero hecho de preservar oportunidades para continuar incluyendo sus nombres en la abultadísima nómina pública.

¿Cómo explicar que profesionales destacados se aferren un solo segundo a carguitos intrascendentes, después de recibir humillaciones públicas de sus superiores partidarios refrendadas de la misma forma por voceros autorizados del poder ejecutivo, configurando acciones que ponen de manifiesto la concepción de piñata con el que tantos conciben el patrimonio colectivo cuando les corresponde administrarlo?
De existir razones delictuosas detrás de estos procedimientos irregulares en lo que respecta a la rotación de funcionarios, ¿por qué no se hace propicia la ocasión para denunciarlas y poner en evidencia manejos inescrupulosos en mecanismos de negociación en los que participa el Estado?

No se hace por cobardía, falta de coraje, por el miedo ancestral que conduce a evitar chocar con quienes suplantan una institucionalidad eclipsada.

El Nacional

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