La preferencia electoral de cada municipio es independiente. Se nota en la provincia Santo Domingo y el Distrito Nacional. Quedaron atrás los años en que el dictamen emanado de la Capital era palabra de Dios.
Los medios electrónicos y una notable movilidad social registrada en los últimos veinte años se han encargado de crear una emancipación relativa, para llamarlo de alguna forma. Más de un experto en política puede rebatir esta posición con argumentos apegados a sus experiencias.
Sin embargo, esta vez nos dejaremos llevar de pronósticos empíricos que los estadios de opinión vienen confirmando.
No faltan apostadores y prácticos visionarios, que los científicos descalifican a priori. Entre ellos le pongo especial atención a Delis Herasme. Bien enterado, sabe identificar a los nuevos dirigentes locales. Hay quienes le retan seriedad a sus pronósticos por verlos interesados. A decir verdad, las encuestas no son más que eso, profecías empacadas, costosas en función de la etiqueta y el idioma de la marca.
Lo cierto es que el fenómeno que percibimos, primero económico y luego político, es una tesis sostenible a partir de las fronteras trazadas por dos o tres factores.
Podemos enumerarlos: el surgimiento de un liderazgo al margen del prevaleciente durante cincuenta años; expansión de la brecha económica, reflejada en un notable crecimiento en algunas regiones versus el precipitado empobrecimiento de otras y, por último, la segregación de las fuerzas e influencia de los medios de comunicación que pone en desventaja a los tradicionales [en cada comunidad hay uno o mas emisoras de radio y canales de televisión determinantes en las decisiones locales].
Con este panorama, no seria sorprendente que haya resultados electorales diferentes a los pronosticados por esos apostadores, empíricos o no, y por los partidos. En fin de cuentas, las apuestas siempre han sido un instrumento más de propaganda que de control o retroalimentación.
No vamos a caer en la tentación de hacer apuestas. Reconocemos, no obstante, el valor y la utilidad de sus pronósticos para reorientar acciones. Y, por qué no decirlo, para inclinar la balanza donde las disputas aún son reñidas.
La mayoría de los votantes está fuera de los partidos, no comprometida. De forma tal que se decide por quienes percibe como ganadores. Es lamentable que no lo haga por el mejor.
