Por Melania Emeterio R.
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Hay hechos que revelan que las autoridades dominicanas, incluido su cuerpo diplomático, y los/as historiadoras/es, no han hecho el trabajo de proyección que necesita la República Dominicana.
Esta aseveración viene como parte de lo observado en octubre del año 2019 en la celebración de una conferencia sobre «Mitos e historia en la literatura latinoamericana y caribeña», a cargo del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, en el marco de la Cátedra de Literatura Caribeña René del Risco Bermúdez. La presentación de ese evento correspondió a una de las intelectuales más formadas del país, una mujer y lo demostró en su exposición, que aunque matizada de excesivos elogios, situó al invitado en una elevada cumbre de saberes y expertiz.
Para mi asombro, atenta al desarrollo de la exposición, hasta el momento que la dio por concluida, no recuerdo haber escuchado el nombre de la República Dominicana en su conferencia, aunque en ella desfilaron, de modo reiterado, interesantes referencias a países, hechos históricos, y líderes que hicieron grandes a esas naciones: Venezuela, Colombia, Cuba, Haití, entre otras, pero la Rep. Dom., país no solo anfitrión, sino que es un territorio visible, y enclavado en El Caribe, no fue mencionada. Sergio Ramírez, al parecer, desconoce la historia y la literatura Dominicana. Ya casi al final de su alocución, como de soslayo, hizo mención de “Ojalá que llueva café”, quizá queriendo significar, sin decirlo, que era de Juan Luis Guerra, un dominicano, pero ni en eso se detuvo.
Nombres de importantes líderes y acontecimientos políticos y culturales desfilaron en su ponencia: Simón Bolivar, José Martí, y otros. Partiendo del libro, “El reino de este mundo” de Alejo Carpentier, destacó historia y cultura de Haití. Un líder tan excepcional en la liberación del territorio dominicano, que ya tenía 22 años de ocupación haitiana, como lo fue Juan Pablo Duarte jamás fue pronunciado su nombre. El escritor y político desconoció la cultura y el proceso histórico de gestación de la Independencia y posterior Restauración que hicieron los dominicanos, caso emblemático en la Región de El Caribe, y de América. Fue como si asumiera el dicho de que: lo que no existe, no se nombra.
República Dominicana, para quien quiera verla, tiene una historia decorosa que ha trascendido por lo que, de las omisiones de Sergio Ramírez, no fueron culpables ni la institución, ni los académicos que le invitaron, aunque esto también puede ser un punto de reflexión para quienes promueven los Estudios del Caribe en la República Dominicana.
Fue una responsabilidad de este especialista en asunto del Caribe, pues sabia el tema que iba a tratar, y hay que suponer que la invitación fue hecha con tiempo suficiente. Sabia, además, que República Dominicana es un país muy visible en El Caribe, por lo tanto, involucrado en el tema.
