La vanalidad nos arropa. Se verifica en el hecho de que en las páginas de los periódicos, los programas de arte, y los portales en la internet que se enfocan hacia el arte no aparece un tema, un análisis o un comentario que rompa con el patrón iterativo que han impuesto las tendencias de los tiempos que estamos viviendo. Y no podía ser de otra manera. En la medida en que han descendido los gustos y preferencias, la calidad, la lírica, la orquestación y la interpretación de la música que consume la gente, del mismo modo ha ido bajando la calidad de la información.
Acaso se necesita algún tipo de conocimiento para discernir con propiedad en torno a los adefesios que se promueven en la calle, carentes de valoración artística, estilística, que aún cuando sean de amplio consumo por gran parte de nuestro juventud, nadie puede negar que se trata de un sub-producto artesanal, carenciado de valores armónicos, estéticos y estilísticos, resultado de los inventos y travesuras de muchachos que parecen estar con ello jugando Nintendo, con una computadora en el patio de un barrio.
De que hablar entonces?. De sus majaderías?. De sus «tiraderas», de que si tienen novios o patrocinadores?. Puro material inorgático, reciclable, que hay que consumirlo al instante, porque ni siquiera aguanta el frío y se pudre en la nevera.
Penoso es decirlo, pero aunque me encuentre aún en el oficio, siento pena por la gente que hoy en día está haciendo la crónica de arte, con tan poco verdaderamente importante de qué escribir o hablar.
Paradógicamente, tan fatal que veíamos las cosas en los ochenta, en plena efervescencia del arte popular, sin pensar en que vendrían tiempos verdaderamente peores, donde los valores se convertirían en obsolecencias de un pasado que algunos ya no quisieran recordar, para no avergonzarse haciendo comparaciones, que hoy día se interpretan en el medio como la expresión de un «desfase». Hasta el gusto por el buen arte es una condición desfasada y vieja.
Cosas veredes, Sancho…
