Nunca como ahora se había una imagen tan deteriorada del conglomerado artístico criollo.
No se sale de un escándalo que envuelve siempre a figuras populares del arte y de la comunicación, creando una vorágine que arrastra famas y reputaciones a su paso. Artistas que no salen de una cárcel, escarceos donde se airean publicamente temas personales, amenazas, agresiones, pleitos de patio. Entidades gremiales y asociaciones metidas también en escándalos (Amucaba, Sgacedom, Acroarte). Una alarmante crisis de valores lo contamina todo, sin que nadie pueda sacar la cara para tratar de corregir y enmendar el desastre que estamos viviendo. La gente más sana, en capacidad quizás de convertirse en un muro de contención ante tantos desmanes prefiere echarse a un lado, y dejar que el tornado pase arrastrando y detruyendo todo. Dicen que ello ello es un reflejo de la misma situación que vive el país como nación, resultado de la impronta de gente que se maneja hoy día con otros códigos, diferentes a los que prevalecían en otros tiempos, donde había más respeto, dignidad y seriedad en el manejo de imagen y el comportamiento de las figuras públicas.
En aras de corresponder a «los nuevos tiempos» se ha permitido mucha licencia y terreno a los malos que se han adueñado de todos los campos. Lo que ocurre es muy lamentable. Practicamente se hace imposible luchar contra las nuevas tendencias prevalecientes, que desdeñan las normas, las formas, y los lineamientos morales, porque según dicen son criterios y conceptos «desfasados» (old fashion) que no tiene cabida en la época «moderna» que estamos viviendo. Penoso es decirlo, pero la definición aquella de que la farándula es la «profesión de farsantes», hace tiempo que quedó desactualizada… hoy día faltan muchos otros adjetivos.
