¿Qué Pasa?

Arte Nacional

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Algunos merengueros han pegado «el grito al cielo», alegando que la situación económica está muy difícil, y que apenas están tocando dos bailes por mes.

Con un panorama como el que pintan ciertamente resulta difícil mantener una orquesta, pues los músicos cobran por cada baile o espectáculo donde toquen.

Sin embargo hay que advertir que no todas las agrupaciones pasan por esa situación.

Orquestas como la de Héctor Acosta, Sergio Vargas, Los Rosario están en actividad permanente, dentro y fuera del país, manteniendo su tarifa.

Tocan 4 y 5 bailes a la semana, y en el caso del Torito, los clientes hasta se pelean por algunas fechas.

Es decir, que no todos sufren el rigor de la llamada crisis en el mundo del espectáculo.

Como siempre ocurre, los dueños de discotecas y establecimientos de baile, presionan para que las orquestas más populares rebajen su tarifa, a lo cual las figuras que están al frente de las mismas se oponen, porque sería  abaratar la imagen que en base a mucho esfuerzo e inversión se han ganado.

Agrupaciones antes muy populares que han optemperado a ese reclamo procurando tocar más, aunque ganen menos, no conservan ni seña de lo que fueron, y han pasado a ser una más del montón, convirtiendo en productos de consumo masivo, con características de desechables.

Les ha sucedido igual que a los cantantes que trabajan en restaurantes y fondas de Nueva York, como entretenimiento de los comensales, que nunca más vuelven a «levantar cabeza».

Lo que no hacen a su vez los dueños de algunos clubes y discotecas es bajar el precio de las bebidas, a las cuales también le cargan el «cover» de la entrada cuando anuncian los denominados bailes gratuitos.

Lo más curioso de todo es que en el país se pagan sumas astronómicas a figuras extranjeras que se contratan para actuar aquí, por encima de los  honorarios que devengan en otros mercados, mientras pretenden que los artistas criollos de renombre les trabajen por centavos.

Y así no puede ser. Démosle valor también a los nuestros, en su justo precio, claro está, sin olvidar que cada quien sabe lo que vale.

El Nacional

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