En el Club Mauricio Báez
La pasada semana asistimos a la puesta en circulación del libro “El Primer Bachatero del mundo, Calderón”, de la colega Marivelle Contreras, en el Centro Cultural Mauricio Báez.
Allí, nos encontramos con Leo Corporán, evocando el hecho de que hace 50 años, estuvimos en las instalaciones de la cancha del club presentando nuestra obra teatral Tataibá.
Estábamos en medio del gobierno de los 12 años de Joaquín Balaguer, haciendo un teatro contestario, rodeado por un despliegue de la Policía Nacional.
En este periódico, Bonaparte Gautreaux Piñeyro y Luis Ferández, hicieron un despliegue a 5 columnas, al día siguiente, destacando el éxito de la obra y la represión policial. ¡Una obra de teatro rodeada por la policía!
Desde entonces no había vuelto al club, que se ha extendido a más de una cuadra, con instalaciones deportivas, educativas y culturales, muy bien organizadas y cuidadas.
No hay aquí un club de su categoría, en servicio en un barrio popular, con la estructura, la organización y el cuidado como la tiene el de Mauricio Baéz.
Su sala de teatro y de eventos nada tiene que evidiarle a otra, en aire acondicionado, sonido, acústica, butacas y mantenimiento. Diferente a lo que ocurre con locaciones similares que dependen del Ministerio de Cultura o los ayuntamientos.
En el país hay diferentes locales para eventos y actividades culturales que se encuentran abandonados o inhabilitados, y que muy bien pudieran servir de escenario para el creciente auge de la actividad teatral y los espectáculos populares que se presentan en el país.
Anfiteatros como el de la plaza Juan Pablo Duarte, la Sala Manuel Rueda, y el clausurado Nuryn Sanlley, dignos de mejor suerte.
Parece mentiras, pero un club social, cultural y deportivo de barrio, como el Mauricio Báez, demuestran ser más eficientes, que entidades gubernamentales, que son las que se manejan con presupuestos.
Así son las cosas en el país de las maravillas…

