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Arvelo y los farallones

Arvelo y los farallones

Me llamaron varios amigos y amigas alarmados con la campaña que tiene Alvarito Arvelo contra el síndico de Santo Domingo Este por la desocupación por Medio Ambiente de los Farallones.

El argumento es que “tanta gente pobre” fue desalojada. Y, ciertamente, parte el corazón cuando una escucha los testimonios de trabajadoras domésticas que usaron todos sus ahorros y se endeudaron, para tener una casita; de chiriperos, echa-días haitianos, obreros desempleados, que invirtieron sus magrísimos recursos para tener un techito en algún lugar.

Sus caras, y las de sus niños y niñas, poblaron las primeras páginas de todos los periódicos de país, e imagino que, sensibilizado por esas fotos, Alvarito ArVelo la ha emprendido contra Manuel Jiménez, no entendiendo que la noticia importante aquí no es que a un grupo de pobres más los desalojaron, sino que a un grupo de pobres más los estafaron.

Porque de lo que se trata es de otra estafa de una banda organizada para el asalto a las áreas protegidas, que viene operando en toda la zona Este del país desde hace más de quince años y se especializa en venderle a estos infelices lotes en áreas que han sido reservadas por su importancia estratégica para el agua de toda la zona, una zona, la Este, donde habitan casi dos millones de personas.

Es decir, la estafa que hace millonarios a un grupito de malos dominicanos, afecta a millones de dominicanos.

Es importante, cuando se es comunicador o comunicadora, informarse antes de embestir. Porque la radio y la televisión no son un ámbito donde desahogar nuestras emociones, o desinformaciones, son un delicado espacio donde lo que debe primar es la educación y la concientización de la gente.

Y es importante informarse para poder orientar a la gente con propiedad, decencia, buena educación, voz apropiada (no somos sordos), no con desinformaciones que solo benefician a un grupo de malos dominicanos.

Cuando el innombrable jefe de la banda fue a poner una “demanda por difamación” cometió el error en su soberbia de decir que “todo el que se mete conmigo termina muerto”; y no dudó en agitar a una turba para que fuese a la casa del promotor comunitario que está liderando esta lucha.

Ya antes, había enviado cuatro vehículos con hombres armados a la casa de Ramón Vargas, que así se llama el promotor, quienes al no encontrarlo se estacionaron enfrente, en una clara amenaza a su seguridad y la de su familia.

Porque así operan, y han operado estas bandas, aterrorizando a todo el que se le opone y desinformando a quienes deben informar, gente desacertadamente emocional como Alvarito.

Por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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