En el año 1998 participé en Villa Consuelo en una actividad denominada Café con el Pueblo, que encabezaba el extinto Rafael Flores Estrella. Al agotar un turno denuncié que fui objeto de un atentado criminal. Regresé de Baní, junto a mi familia, con grandes ruidos en las dos gomas delanteras. Ya en la casa comprobé que todas las tuercas estaban flojas.
Ninguno de los presentes mostró sorpresa, porque era un sofisticado método que ya conocían, porque muchos dirigentes opositores y comunicadores habían sido víctimas del mismo, atribuyéndole la autoría al director del DNI del momento.
Se dijo que la finalidad era provocar la muerte mediante un accidente de tránsito. Y, en el menor de los casos, sembrar miedo a los adversarios políticos y silenciar voces. Se trata de un método criminal de etiqueta peledeísta, ideado por gente que va a misa los domingos en la mañana, posiblemente buscando que el Todopoderoso apruebe sus actos.
Ese atentado ya se ha practicado cuatro veces en mi contra. El más reciente ocurrió hace apenas diez días. Circulé una semana con ruidos en el tren delantero de mi vehículo, pensando que se trataría de puntas de eje o bola esférica, hasta que acudí al mecánico y encontró todas las tuercas de las gomas delanteras flojas.
¿Se aflojaron solas? ¡Jamás! Las pocas veces que he cambiado neumático, he metido mucha fuerza con la llave, porque los gomeros suelen apretarlas hasta que chillan.
De todos modos, no lograron que me accidente y me mate. Tampoco lograron asustarme, pensando que podrían continuar los atentados. Temer a la muerte es una estupidez. Dijo Mahatma Gandhi: El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos, sino dos aspectos del mismo estado.
Si era un mensaje que querían enviar, les informo que el mismo fue recibido. Que sigan acudiendo a misa, que su pase a la gloria está asegurado. Y aprovecho la ocasión para desear felices pascuas, cristalizar sus anhelos y desear salud y larga vida.

