Opinión

Autoritarismo y atraso

Autoritarismo y atraso

En la campaña del año 2008,  Leonel Fernández se presentó como “nuevo líder del balaguerismo”. Antes, se había declarado vinchista. Es su modo de reclamar el reconocimiento de la clase dominante por su papel en el rediseño y adaptación del sistema político al interés de los sectores que habrán de garantizar la continuidad del autoritarismo.

En  1966, Joaquín Balaguer dirigió la puesta en vigencia de una nueva Constitución, logrando impedir que la de 1963 fuera aplicada y posteriormente superada. En el presente, Leonel Fernández dirige la puesta en vigencia de una nueva Constitución con el objetivo de reafirmar su autoridad  y  de aumentar la confianza que han depositado en él los sectores oligárquicos. 

Pretende preservar su inserción en los mecanismos de toma de decisión y fortalecer su posición como dirigente del sistema de partidos para seguir manipulando las instituciones desde la Presidencia, desde  otra posición, o  desde su hogar. Busca  para sí la autoridad que tuvo Balaguer en el seno de la clase dominante.

Su balaguerismo lo lleva a decir que es vinchista. Coincide con Vincho Castillo en el enfoque sobre la migración haitiana y en el manejo politiquero de los expedientes de peculado y otros delitos. Más importante aún, le gusta, como a Vincho, buscar amigos en la izquierda y seguir comprometido con  la derecha.

Ha llevado a la Cancillería, a la Cámara de Cuentas y a otros organismos, a rancias  y desacreditadas figuras del balaguerismo. Como Balaguer, es caradura al momento de ponerse a tono con el poder  permanente y con los sectores del poder temporal de los cuales pueda recibir favores.

Con la jerarquía católica y la parte más retrógrada de los grupos protestantes, cumplió al constitucionalizar la prohibición del aborto. A los empresarios del turismo y a los potenciales constructores de obras suntuarias, les garantiza la posibilidad de privatizar playas, ríos o montañas. A los grandes contratistas, les pone en las manos la construcción de varias líneas de un Metro que, aunque está probado que no es funcional, es una fuente de recursos y de posiciones privilegiadas. A los politiqueros de profesión, los premia llevándolos por seis años a posiciones en las que pueden disponer de barrilitos y  canastas de dinero y de impunidad… ¿Y para qué seguir la cuenta?

La Constitución de Leonel Fernández, Miguel Vargas y sus similares, tenía que ser aprobada por legisladores sumisos y no por constituyentes populares. No fue concebida como negación de la actual, que conserva el sello balaguerista, pero sí para legalizar los privilegios que ciertos sectores buscan preservar justo ahora…  Demagogia de la peor especie fue la mascarada de consulta popular… Es la Constitución de los estafadores.

El Nacional

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