El derrotero que ha tomado la crisis política que abate a Venezuela acentúa el temor a que en la tierra de Bolívar se produzca un baño de sangre, como ha advertido el Papa Francisco, al clamar de nuevo por una salida pacífica a un conflicto regentado por intereses externos.
La más reciente estocada contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro la ha asestado el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, al disponer con efecto inmediato el bloque de los fondos de la estatal Petrolera de Venezuela (PDVSA).
Las sanciones económicas contra Maduro tendrían un efecto mucho más devastador que el cerco político que le ha tendido Washington, la Unión Europea y parte de los gobiernos de Latinoamérica, pero no debería olvidarse que el acosado gobernante se ha refugiado en el vientre del Ejército venezolano.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, ha rechazado una oferta de amnistía formulada por el autoproclamado presidente Juan Guaidó, mientras encabezaba una marcha del alto mando lo que consolida el temor sobre una respuesta militar a los afanes por desalojar a Maduro de Miraflores.
La comunidad internacional debería impulsar de manera más firme y decidida una salida pacífica a la gravísima crisis de Venezuela, que podría ser a través de la convocatoria a elecciones totales bajo la tutela de la Organización de Naciones Unidas, como ha propuesto el expresidente uruguayo José Mujica.
El derrocamiento de Nicolás Maduro por vía de artificios jurídicos o por cerco político, sanciones económicas o por la fuerza militar, sería una tragedia mayor para Venezuela y un funesto precedente para América Latina.
Se requiere devolverle al pueblo venezolano su derecho pleno y constitucional de elegir a sus gobernantes sin ningún tipo de intromisión extranjera, a menos que sea el arbitraje de la ONU, única que garantizaría que la democracia retorne a esa nación sin tutelajes espurios.
A lo que se aspira es a que Venezuela recupere su plena libertad, pero también su independencia y derecho de los venezolanos a decidir libremente el futuro de la nación, en base a la libre autodeterminación y a la no injerencia de terceros países.

