A finales de la década de 1980, Joe Biden buscaba la Presidencia de Estados Unidos, cuando algunos analistas dijeron que había plagiado varios párrafos del discurso de un laborista inglés.
Años antes, había sido acusado de presentar como suyo en las aulas un trabajo realizado por Robert Kennedy. Estos dos episodios, sin embargo, podrían caer en el olvido sin que por ello dejara de ser evidente que el actual vicepresidente de Estados Unidos ha defendido siempre lo indefendible y ha conquistado puestos de importancia dentro de su partido y en el seno de la clase dominante trabajando en la justificación del uso de la fuerza y diseñando agresiones de corte imperialista.
La más reciente evidencia de que Biden copia cualquier idea anacrónica sin ocuparse de ponerle un toque de originalidad siquiera cosmético, es su reciente pronunciamiento contra Cuba. Reeditó la concepción de la Administración Bush y cumple el compromiso de poner al gobierno que preside Barack Obama el sello de ultraderecha.
En sus Reflexiones del pasado domingo, el Comandante Fidel Castro trata con una ironía similar a la utilizada por Carlos Marx para referirse a Napoleón y a Luis Bonaparte, la declaración de Biden de que Estados Unidos no levantará el bloqueo contra Cuba (es ingenuidad o complicidad llamarle embargo, y no hay que caer en el retorcimiento).
Sus lamentos plañideros dan lástima, especialmente cuando no existe un solo gobierno latinoamericano y caribeño que no vea en esa medida antediluviana un lastre del pasado, dice Fidel.
Cualquier carga de ironía contiene menos de lo necesario.
En Viña del Mar, Biden proclama que terminó la época en que Estados Unidos dictaba y actuaba de manera unilateral. Pero no deja de sacar el manido discurso contra Cuba. Habla de transición. Obviamente, de la transición para cuya preparación George W. Bush y sus asesores asignaron cientos de millones de dólares del erario estadounidense a conspiradores y oportunistas, la mayoría de ellos apátridas nacidos en Cuba, radicados en Estados Unidos, en España y en otras latitudes. ¡Qué descaro!
Manifiesta Biden respeto por la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, pero no toma en cuenta que ella, como todos los gobernantes latinoamericanos reunidos en Viña del Mar, ha condenado el bloqueo contra Cuba, considerándolo, como lo hizo en su reciente visita a ese país, una práctica discriminatoria en materia de comercio.
En su declaración en Viña del Mar, como en la reunión que sostuvo en Costa Rica con presidentes y dirigentes políticos de Centroamérica, Biden se muestra como enemigo de Cuba pero también como agente del neocolonialismo y de la dominación imperialista hacia toda América Latina.
Vino a hacer promesas de ayuda para que los gobernantes latinoamericanos acepten como concesión cualquier promesa de Obama en la Cumbre de las Américas, que tendrá lugar el próximo 17 en Trinidad y Tobago.
Es hipócrita su pronunciamiento contra el unilateralismo. Él es un agente de la agresión. A finales de la década pasada, estuvo entre los asesores en materia de política exterior que convencieron a Bill Clinton de que debía ordenar el uso de la fuerza contra Yugoeslavia. ¿Pretende colaborar con el desmembramiento de algunas naciones latinoamericanas? ¿Considera, acaso, que Estados Unidos tiene derecho a rediseñar el mapa político de América Latina como cambió el de Europa hace menos de 10 años? En Europa, el poder imperialista lanzó toneladas de bombas para quitar obstáculos al neoliberalismo. Por estos lares pretende acallar las voces disidentes.
¿Por qué envía Obama a Biden a estas tierras? Al seleccionarlo como compañero de boleta, dejó ver el sello de ultraderecha en su proyecto. Hoy, se sabe que pretenden seguir castigando como delito la defensa de la soberanía… Quieren poner cadenas a todo el continente…. No sólo a Cuba, que conste.

