Opinión

Bosch: la Restauración

Bosch: la Restauración

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Muy pocas historias en nuestro continente están tan llenas de mitos como la nuestra. Y los culpables han sido los cronistas e historiadores, que de una manera u otra, se han encargado de organizarla, empeñándose en contarla y organizarla, exagerando o tratando de emparentarla con las epopeyas homéricas. Así, nuestra historia podría confundirse fácilmente con las crónicas o los anales narrados por Heródoto, que dramatizó —novelando— una parte de la historia griega.

Pero esa era la historia que se escribía en el país hasta hace pocos años, ya que hoy contamos con algunos historiadores disciplinados y albergantes de una concepción científica de los registros del pasado.

Juan Bosch, en “La Guerra de la Restauración” (una recopilación de artículos aparecidos en el semanario “Vanguardia del Pueblo”, órgano del Partido de la Liberación Nacional, PLD) agudiza su olfato crítico y, ateniéndose a una bibliografía muy conocida por todos, logra descifrar ciertos fenómenos que parecían misteriosos para algunos historiadores.

Bosch apoya su teoría sobre la restauración dominicana en una vasta bibliografía que incluye a testigos presenciales de los acontecimientos, como los españoles José de La Gándara y Ramón González Tablas, y a cronistas como José Gabriel García y Pedro María Archambault, así como recopilaciones de papeles y diarios de Emilio Rodríguez Demorizi sobre Antonio Peláez Campomanes y Pedro F. Bonó, y los trabajos conocidos de Summer Welles y Gregorio Luperón (sus memorias). También descansa el texto de la recopilación en su ensayo sociológico, “Composición Social Dominicana”, y el de Jaime de Jesús Domínguez, “La Anexión de la República Dominicana a España”.
Por ejemplo, Bosch observa en el acontecimiento revolucionario conocido como «la restauración», una guerra de liberación nacional, y en las Palabras de Introducción del texto expedita el camino del lector, narrándole la rapidez con que los restauradores ganaron terreno en poco tiempo, preguntándose entonces: “¿Qué explicación puede haber para semejante rapidez de acción? Bosch se responde a sí mismo “que la guerra de la Restauración tuvo desde el primer momento el apoyo resuelto de las grandes masas del pueblo dominicano, porque en ella se articuló una guerra de liberación nacional y una guerra social”.

Es decir, Bosch alberga su enunciado en el recurso analógico, o “donde coinciden ciertos caracteres y funciones con otros”, como explica Höffding (Höffding: Historia de la filosofía moderna, 1894-95).

Esta analogía, Bosch la robustece cuando expone que el proceso histórico que produjo la guerra restauradora era ignorado por algunos de sus protagonistas, los cuales creían que sus empeños por expulsar del suelo patrio a los españoles no obedecía a lo que hoy, ciento cincuenta y cuatro años después, conocemos como guerra de liberación.

Claro, antes de Vladimir Ilich Lenin hubiese sido muy difícil explicar que una guerra podía ser de liberación nacional, porque fue precisamente el ideólogo ruso quien estructuró los principios básicos de la coexistencia pacífica, ya que el vocablo “guerra” (proveniente del alemán-sajón wer) —y su lúgubre contenido— resultaba una necesidad para la civilización.

El Nacional

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