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La idea del profesor Juan Bosch, antes de abandonar para siempre el PRD y darle vida al Partido de la Liberación Dominicana, era crear una organización política en donde las puertas y las ventanas estuvieran herméticamente cerradas para los portadores del clientelismo, del populismo y del grupismo. Su esencia era concluir con la obra iniciada por Juan Pablo Duarte y los trinitarios.
Por eso, en el Congreso Constitutivo del 15 de diciembre de 1973, en los salones de Fiesta de Luxe, Bosch llegó a expresar: “Pedimos para el PLD gente dispuesta a hacer sacrificios por el partido y por el país, y advertimos que desde hoy vamos a exigir en nuestra organización una disciplina estricta pero consciente; una disciplina que prepare a los peledeístas para hacer frente con entereza a todas las adversidades; reclamaremos dedicación al estudio para poder desarrollar la conciencia política; pediremos una vida pública y una vida privada que se corresponda, porque nadie puede ser al mismo tiempo luz en la calle y oscuridad en la casa, o al revés.
No nos proponemos levantar un partido de santos, pero tampoco uno de diablos…”
La capacidad de sacrificio en el trabajo político de Juan Bosch, unida al régimen disciplinario del cual hacía gala, en adición a su férrea conducta ética que mantuvo hasta el último día de su existencia, convirtieron al PLD en una organización política modelo, no tradicional que actuaba y pensaba diferente a como lo hacían las otras. Un partido único en América, como orgullosamente lo bautizó Bosch.

