Todo sobre el papel higiénico: todo comenzó con las algas marinas, dóciles al tacto, y así fue durante 6 mil años, antes de eso el aseo íntimo no se había inventado. En el siglo II antes de nuestra era, los chinos diseñaron un papel para estos fines, pero la limpieza la ejercía un criado, no el propio incumbente. Los antiguos romanos utilizaban lana bien empapada en agua de rosas.
Joseph C. Gayetty fue el primero en comercializar el papel higiénico en 1857. El producto primigenio consistía en láminas de papel humedecido con aloe, denominado papel medicinal de Gayetty, se comercializó bajo un visionario slogan: la mayor necesidad de nuestra era va directo al punto. En 1880 los hermanos Edward y Clarence Scott comienzan a comercializar el papel enrollado que hoy conocemos. El papel segmentado en cuadritos nace en 1920, pero la época consideraba inmoral y pernicioso que el papel estuviera expuesto en las tiendas a la vista del público en general.
El primer papel no era el producto suave y absorbente de nuestros días. En 1935 se lanza un papel higiénico mejorado bajo el reclamo de papel sin asperezas. Desde entonces fue proclamado como El mejor invento después del sexo, incluso el Gobierno de los Estados Unidos lo reconoció en 1944. El motivo de dicho reconocimiento fue: su heroico esfuerzo en el suministro a los soldados durante la II Guerra Mundial.
El papel higiénico llegó a ser estratégico en la Operación Tormenta del Desierto, de la Guerra del Golfo, ya que el color verde de los tanques estadounidenses contrastaba demasiado con las blancas arenas del desierto y no se contaba con el tiempo necesario para pintar los vehículos. Se optó por envolver los tanques en papel higiénico como técnica de camuflaje de última hora. Usted consume unos 3 al mes, medio kilómetro de papel al servicio de la zona más restringida de su cuerpo a la que nunca da el sol, sólo vulnerable ante el dedo, teóricamente imparcial, de los urólogos.

