Opinión

Breve que te quiero breve

Breve que te quiero breve

Las esferas prehistóricas de Costa Rica: son miles diseminadas en todo el país. En la selva se han clasificado más de 7 mil, en las montañas 3 mil y pico y en los ríos la cantidad es inconmensurable, apiladas por docenas. Numerosos ejemplares decoran hoy jardines y edificios públicos, y nuevas más siguen descubriendo por todas partes. En el 2005 se alcanzó el récord de 200 nuevas piedras descubiertas en solo un mes, que estaban dispuestas en fila india en plena selva. En 1547 Francisco Pizarro escuchó historias de “La tierra de las bolas”, descubriendo 700 de ellas durante una expedición con 20 hombres.

“Las bolas de Costa Rica” fueron proclamadas como símbolo de identidad nacional, en virtud de su número, tamaño, perfección, formación en esquemas organizados y abstracción ajena a modelos naturales. Más de 3 mil se encuentran en colecciones privadas en todo el mundo.

En todos los casos, sus características son las mismas: son perfectamente redondas y de tamaño variable. Las más pequeñas tienen sólo unos pocos centímetros de diámetro y las más grandes tienen diámetros de 3 metros y 16 toneladas. Todas están construidas en piedras de granito y roca sedimentaria. Las leyendas de la época de Pizarro decían que en su interior se escondían piedras preciosas y oro, significando con esto la destrucción de muchas de ellas a mandarriazo limpio, en el afán de la gente por despojarlas de sus tesoros.

Lo asombroso es que las bolas de Costa Rica no son las únicas. Las hay en abundancia en Nueva Zelanda, isla de Pascua, Honduras, Méjico, Cuba, Madagascar, Kenia, Australia y Bosnia. De alguna manera, las esferas brindan una unificación cultural o religiosa del hombre de las cavernas a nivel planetario, ¿Cómo primitivas sociedades desarrollaron la misma idea al mismo tiempo, en sitios tan distantes de la Edad de Piedra? ¿Acaso estaban conectados? Como sea, es el primer signo de globalización humana de hace 20 mil años. Un cerrado enigma sin solución.

El Nacional

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