Describiendo a Júpiter: estamos descendiendo en el planeta más grande del sistema solar. Puede contener al resto de los planetas. La Tierra cabría mil veces. Casi trescientos mil kilómetros de altura nos separan de su pequeño suelo, ya que en un 90% es puro gas. Al ir bajando, sentiremos su densa atmósfera de hidrógeno y helio, que todo lo tiñe de ocre, negro y azul plomo. Nos estremecerá el impacto de su ambiente brutal, con más de 2,500 tormentas permanentes, de las cuales, unas 50 son más grandes que la Tierra.
Manteniendo distancia prudente, nos maravillaremos ante su imponente tormenta perfecta, conocida como la gran mancha roja, un megahuracán más grande que la suma de todos los huracanes de la Tierra en 200 años, desplazándose a más de trescientos kilómetros por hora, dándole la vuelta al planeta cada 50 años, no tiene ojo como los huracanes nuestros, pero produce ventarrones de helio y azufre de más de 5 mil kilómetros por hora, cuyo frenética carrera comenzó hace 300 años. ¿Qué tamaño tiene? 4 veces la Tierra.
En la medida que nos adentramos, contemplaremos inmensos asteroides que se precipitan de continuo, ya que el poder gravitacional es tan grande que captura todo objeto que se aproxima. Eso es una bendición, porque Júpiter es nuestro chaleco antibalas cósmico. En 13 meses, los telescopios han captado 3 feroces explosiones en su superficie, la prueba del impacto de 3 grandes asteroides.
El último ocurrió el 20 de agosto. Recordemos que en 1994, Júpiter capturó el enorme cometa Shoemaker-Levy 9, partiéndolo en 23 fragmentos antes de estrellarse, a razón de uno cada 40 segundos. Para Júpiter fueron pinchazos; para la Tierra, ese rosario de piedras colosales, hubiera significado el fin de la humanidad. ¡Tamaño guardaespaldas nos gastamos!
