La población ha quedado virtualmente acorralada por el desbordamiento de la violencia delincuencial en los últimos días con la ocurrencia de la más variada gama de criminalidad, como acribillamientos, asesinatos por encargo, secuestros, atracos y robo agravado, lo que supone un grave desafío del crimen organizado al ordenamiento jurídico y al sosiego ciudadano.
No se exagera si se afirma que la ciudadanía es hoy presa y prisionera de una generalizada delincuencia que ha sembrado terror e inseguridad de un lado a otro de la geografía, sin que ningún barrio populoso, sector residencial o comunidad rural esté exento de quedar anegado por el oleaje delictivo.
El acribillamiento a balazos de tres policías a manos de delincuentes en el sector Los Girasoles se constituye en el punto de inflexión de un drama que ya requiere la intervención firme y coordinada de todas las instituciones oficiales encargadas de prevenir, perseguir y castigar al crimen.
Además de la matanza de los tres agentes y de la decapitación de dos jóvenes en Nizao, definidos como asesinatos que han de rebosar la copa de la permisividad o temor, hay que señalar que los asaltos y atracos se perpetran a todas horas del día en todas partes, lo que obliga a la gente a guarecerse en sus hogares por temor a ser asesinada por algún maleante.
Como ejemplos del terror impuesto por la delincuencia, se citan los casos de una adolescente golpeada y ultrajada a plena luz del día en la avenida Duarte por antisociales que la despojaron de un teléfono móvil, y el atraco al dirigente político ingeniero Eduardo Estrella, asaltado a la entrada de su residencia en Santiago.
El inusitado brote de criminalidad, no sólo drena la seguridad ciudadana, sino que constituye ya una real amenaza para la seguridad interior del Estado, toda vez que la escalada de asesinatos, ejecuciones, secuestros, atracos y asaltos, asociada al incremento del narcotráfico y crímenes conexos atenta contra una diezmada gobernabilidad e institucionalidad.
Las Fuerzas Armadas con todos sus organismos operativos y de inteligencia, así como, Departamento Nacional de Investigaciones (DNI), están compelidos a prestar amplia y decidida colaboración a la Policía y al Ministerio Público en la tarea de frenar a una desafiante delincuencia que a base del terror pretende imponer una especie de toque de queda en toda la nación.
Que no se hable más. La nación reclama y merece que las autoridades y el orden judicial aplasten como cucaracha toda forma o expresión de delincuencia, caiga quien caiga.
No dejemos que nuestro país se mejicanice.

