El jueves 12 de febrero se realizaría en el Comité de Medio Ambiente del Senado estadounidense una sesión de debate dedicada al cambio climático. La sesión tuvo que ser suspendida por una tormenta de nieve. Un bromista decidió construir un iglú con un cartel que decía: la nueva casa de Al Gore.
A propósito, ¿dónde está el predicador? Desde la cancelación de su discurso en la cumbre del Cambio Climático en Copenhague, el señor Gore parece haberse encerrado. ¿En un iglú o en su recién comprado apartamento de Fishermans Wharf de California? Dice Lord Christopher Monckton, (Global Warming: The Other Side, kusi.com) que en su película, Gore señala que ese lugar desaparecería con la subida del nivel del mar.
Desde la publicación de los correos electrónicos del centro meteorológico británico, que forma parte del Panel del Cambio Climático de Naciones Unidas, en los que se establece que se ha alterado la presentación de medición de temperatura, los escépticos de la calentura arrecian sus creencias, los calentólogos están en aprietos y comienzan las renuncias. Para el año 1990 se redujo el número de estaciones meteorológicas para calcular la temperatura de la superficie terrestre y la mayoría de las estaciones no incluidas estaban en las regiones más frías.
Phil Jones, director de la Unidad de Investigación Climática (CRU) de la Universidad de East Anglia renuncia y lo curioso del caso es que el señor Jones justificó su negativa a proporcionar los datos a los escépticos de la calentura debido a que los datos de sus archivos están mal organizados y que puede ser difícil encontrar todos los datos relevantes ¿Los encontró el predicador Gore?
Phillip Campbell, ha dimitido como miembro del grupo de análisis de lo que se ha llamado el Climagete en el Reino Unidos. La más reciente renuncia es la de Yvo de Boer, secretario ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Cambio Climático (UNFCCC).
Ante el debate entre los calentólogos y los escépticos, parecería que el teniente coronel de Venezuela tiene la solución. El culpable del cambio climático es un fantasma. Un fantasma que anda recorriendo los pasillos y los sótanos de Copenhague y que nadie se atreve a decirlo. Es el terrible fantasma del capitalismo. El capitalismo que está destruyendo vidas. Si se cambia el sistema, se cambia el clima. Así de sencillo.

