No podía ganar John McCain, el candidato republicano, el candidato de la Casa Blanca, el candidato de George Bush y su grupo, el candidato del neoliberalismo, el candidato de la derecha, en momentos en que el 59 por ciento (cifras oficiales) de los estadounidenses recortaron sus tradicionales gastos de las sagradas vacaciones.
No podía ganar ese mismo hombre, o sea, el senador arizoniano John McCain, en momentos en que los estadounidenses redujeron en un 55 por ciento (las mismas cifras oficiales) la acostumbrada salida para comer la familia fuera de la casa.
No podía ganar el candidato del orden económico que desató la mayor crisis del capitalismo en momentos en que los ciudadanos que iban a votar acortaron (sigan con las cifras oficiales) en un 48 por ciento sus ahorros.
No podía ganar el candidato de lo peor del Sistema en momentos en que los ciudadanos de los Estados Unidos bajaron al 39 por ciento sus aplicaciones para tratar de adquirir un nuevo hogar o ampliar el que tienen.
No podía ganar el candidato de una derecha obsoleta, retrógrada, antihistórica, antidialéctica, incapaz y fracasada en momentos en que todo se derrumbó.
No podía ganar el candidato de un partido que mantuvo el poder durante 8 años de manera no solo precaria a nivel de votos universales y votos colegiados, sino también a nivel normal, en momentos en que el norteamericano, acostumbrado a cambiar el carro como cambia de camisa, redujera en un 36 por ciento su vieja decisión de comprar un vehículo nuevo.
No podía ganar un John McCain aquejado de todo lo que ustedes saben, además de limitado en su capacidad intelectual, política y económica, en momentos en que el 26 por ciento (no olviden que son cifras oficiales) de sus compatriotas tuvieron que ajustar sus planes para el anhelado retiro laboral, a todos los niveles.
No podía perder un candidato del prestigio, talanto natural, cultural, pedigrí académico, carisma, retórica magistral, dominio escénico, aire fresco y oxígeno a todo pulmón como el senador Barack Obama.
No podía perder un candidato como el Kennedy negro, dotado de erudición, verbo ardiente pero dosificado, emocionalmente estable, aglutinador de masas de todos los calibres y colores, simpático para blancos, mulatos, negros e hispanos y brillante para no dejarse provocar y saber él (el gran Obama) como provocar de manera sutil pero tremenda.
No podía perder un candidato como este joven notable, desde el 20 de febrero de 2009 Dueño del Mundo, que llevó a Estados Unidos y al mundo un mensaje nuevo, una idea fresca, un sentimiento unitario, una brisa limpia dentro de lo mejor del propio Sistema, una confianza para hoy y para mañana y un Change en el que todos vieron sinceridad y decencia y no populismo barato, demagogia de campaña ni aguaje ni mucho menos más de lo mismo.
No podía perder un candidato como este nuevo líder de su país y de toda la gente decente del planeta, teniendo detrás y a su lado a una compañera de la categoría de Michelle Robinson, que desde el 20 de enero próximo será la Eleanor Roosevelt negra.
No podía perder un candidato como este Barack Obama que derrotó el racismo, la discriminación, la exclusión y demostró a los desheredados de la Fortuna que SI se puede luchar contra toda adversidad y triunfar!
No podía perder un candidato como Barack el Grande que obtuvo el 68 por ciento de los votos hispanos, venciendo incluso en el baluarte republicano floridano.
¡Barack Obama es el Abraham Lincoln del siglo 21!

