Anestesias y periodistas
Señor director:
Sin duda, he sido uno de los periodistas más frecuentemente llevados al quirófano.
La vida ha sido conmigo tan benévola que. cuando les cuento a mis nietos y nuevos amigos, quedan sorprendidos.
Me llevaron al quirófano de emergencia por balas (PRD-Gobierno) en el pecho. Regresé al quirófano por un cáncer de riñón. Volví por una apendicitis, y después por problemas de vesícula. O sea, me falta un riñón, el apéndice y la vesícula.
A esto hay que agregar que regresé por otra (bala PRD) que cruzó un pulmón la que conservo alojada cerca de mi corazón.
Las tres últimas veces que iba al quirófano, pude elegir el doctor anestesiólogo, conversé con él y dormí hablando de béisbol, porque es un ser a quien aprecio.
Anestesiado, recuerdo un sueño donde dos amigos de Villa González que murieron trágicamente, me visitaron y estaban dentro de un terreno lleno de flores, lindo, era todo un paraíso, pero había una alambrada.
Yo estaba en un terreno de muchas piedras. Era como un desierto, y cuando decidía ir con ellos a las flores y a ese lado tan lindo, escuché una voz que conocía y lo impidió. Era la voz del doctor Julio Hazim, quien dijo: Este es Héctor, me sobó la cabeza, me apretó la mano derecha y desperté.
Sentí dolores, y, con la vista nublada, miré al doctor Hazim, regalarme carritos y muñequitos.
Arrastró un tema que jamás quise recordar, pero, por la gravedad de lo que pasó con mi hermano y colega, el periodista Luis Adames, lo traigo a colación.
Lo llevaron al quirófano para extirpar una hernia discal y quedó dormido. Jamás despertó.
¿Qué pasó con la anestesia y con Luis Adames? ¿Por qué Luis Adames no pudo despertar?
La clase periodística, sus familiares, el deporte y el país, necesitan una convincente explicación.
Atentamente,
Héctor García
Santo Domingo

