Opinión

CARTA DE LOS LECTORES

CARTA DE LOS LECTORES

La complicidad

Señor director:

Como decimos los campesinos, la población está al coger el monte tras percibir tanto desorden, descuido y complicidad de las autoridades correspondientes. Tal es el caso de la Autoridad Metropolitana de Transporte, Amet, responsable del control del tránsito vehicular  en el país. Esta vez nos referimos al renglón de los motociclistas, y en particular a los motoconchistas, a quienes  la Amet les requiere casco protector y  matrícula, pero no la licencia que los certifique aptos para conducir motores. Los más de los que la tienen no hacen la práctica de lugar.

El desorden y la complicidad le arrebataron la vida  a William de Jesús Pared Díaz, tras un triple choque en Boca Chica el pasado 23 de agosto, debido a los golpes que recibió en la cabeza.  Cinco días interno en el hospital Darío Contreras, una cirugía de cinco horas y el apoyo familiar no pudieron detener su muerte.

Los actores del choque están ilesos transportando gente en Boca Chica, pero William está muerto, y la familia desgarrada con sufrimiento ilimitado por el temprano deceso  de un hijo bueno, de los que esta patria enferma está pariendo pocos. A William le nacerá un hijo que no conocerá su padre, y su joven esposa queda viuda a muy temprana edad. Los motoconchistas son chivos sin ley con la complicidad de Amet que apoya que estén en las calles fabricando muertos, pues no tienen la capacitación que les exige la ley 241 ni la responsabilidad que el deber demanda. No respetan semáforos, calles, avenidas ni autopistas de una sola vía, y producen accidentes que hubieran podido evitar si supieran manejarse en casos de apuro y de peligro.

Como en todo, el desorden y la complicidad se han tragado a mucha gente como a William, un joven sano de 26 años, con tantos valores como para cederles a muchas autoridades de las que mal administran este desacreditado Estado.

William murió por un acto de irresponsabilidad ciudadana y complicidad de la “autoridad competente,” y sus deudos no sienten seguridad ni esperanza de una recta aplicación de justicia. De seguir como vamos, restando sanos y sumando y dañinos, la mayoría de los dominicanos y dominicanas sucumbiremos como sucumbió William. Solo nos consuela que no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que los resista… Y él esté descansando en paz.

Atentamente,

Lic. Santiago Martínez

Santo Domingo

El Nacional

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