Un gran desorden
Señor director :
En República Dominicana se registra un preocupante desorden en todos los ámbitos de la vida nacional, que amenaza con convertir en normal, una situación caótica, que desde hace tiempo, debió ser enfentada por las autoridades, como salvaguarda de los derechos de otros ciudadanos que sí realizan sus actividades diarias de acuerdo a las normas de comportamiento que generalmente rigen las sociedades civilizadas.
Es frecuente ver en cualquier parte de la ciudad de Santo Domingo a gente que orina en la calle, que tira basura en cualquier lugar, conductores que pasan una esquina pese a que la luz roja del semáforo indique que debe detenerse; y a obreros que instalan un carrito de chimichurris en el frente de la casa de un vecino, como algo natural.
Además, es frecuente ver diariamente a gente que se monta en el tren, un autobús de la Omsa, o en un carro del transporte público, que les exigen a los demás que suspendan lo que están haciendo y les presten atención, porque van a predicar la palabra del Señor, lo que al parecer les da derecho a manipular a los demás.
En algunos casos esos predicadores ambulantes prometen el infieno, fuego y azufre a quien no les presta atención porque viaja de pies, en forma incómoda, y pendiente de la parada donde se quedan para no pasar a la siguiente en forma equivocada.
El desorden también se observa en los vendedores ambulantes que día a día recorren la ciudad en pequeñas camionetas, muy características, porque siempre llevan detrás un tanque de gas propano, y en la parte delantera superior, una bocina que no se apaga en ningún momento del día o de la noche.
Nadie sabe por qué las autoridades no regulan ese abuso que cometen a diario vendedores que ocupan los espacios públicos como el del kilómetro nueve de la autopista Duarte, o las aceras de los alrededores de Plaza Lama, en Villas Agrícolas, donde los peatones se ven obligados a caminar por la orilla de las calles debido a que las aceras ya tienen dueños.
Ni hablar de lo que ocurre en el tránsito de vehículos, con miles de motocicletas que circulan sobre las aceras y en vía contraria, deliveris que hacen de todo, menos respetar la ley de tránsito, y conductores del transporte público que son una seria amenaza para la ciudadanía a la que dicen servir. ¿Hasta cuàndo?
Atentamente,
Ruddy Germán Pérez
periodista
