Juventud sin rumbo
Señor director:
La mayor parte de la juventud dominicana que lidia en la política está lastrada en el pasado. No tiene la proyección del siglo 21, sino que se deja narigonear por los viejos robles. Hay que romper las ligazones con las ideas retrógradas del accionar partidista de mediados del siglo 20.
Hoy hay nuevos aires en la República Dominicana, pero los jóvenes solo tienen la edad, pero no las ideas. Los partidos políticos están llenos de muchachos momificados que no tienen don de crítica y piensan que si suben la voz, les cortan la lengua.
Y no están equivocados. En los partidos políticos para escalar posiciones hay que seguir las huellas, poner los pies donde hay la mueca. Seguir difundiendo las ideas de los líderes jubilados, y esperar que ellos lo señalen con el dedo.
Se debe imponer la acción de una nueva mentalidad en los partidos políticos. A los viejos no se les debe dar una patada, pero si sentarlos, para que sé de paso a las nuevas generaciones. Ahora, lo más traumático es que los jóvenes parece que dejaron la cabeza en sus casas, al momento de entrar a un grupo político.
Lo nuevo desplaza a lo viejo, pero no en forma automática, sino por intermedio de un gran trabajo y al demostrar la renovación de las ideas. Un joven con mente en el ayer es una antigualla y no es lo que necesita este país de cara a este siglo que comienza a avanzar.
La juventud dominicana hoy dejó de ser contestaría. Uno de los atributos principales de la juventud que rompe las ataduras de la dictadura de Trujillo, es su don de respuesta frente a la opresión y los males sociales del país.
Una juventud que en el pasado siglo 20 tomó las armas para retornar a la Constitución echada a la basura por un Golpe de Estado, y que enfrentó en la Guerra Patria a la segunda intervención norteamericana.
La juventud no puede estar de hinojos esperando una parte del pastel de sus jefes políticos. Se tiene que preparar para comprender que el país necesita hacer el relevo generacional. Da pena que sea el gran empresariado el que se dé cuenta de lo necesario de que la juventud mande, y ya se han autojubilado, para dar paso a hijos y nietos.
Pero somos realistas, si hoy la juventud se comienza a preparar para tomar el liderazgo nacional, pasarán por lo menos cinco años antes de que tenga los pies afincados sobre la tierra, por consiguiente el viejo liderazgo debe trabajar en la transición.
Atentamente,
Manuel Hernández Villeta
