Diciembre y Navidad. ¿Y?
Señor director:
Excepto la trascendencia del aniversario del nacimiento del hijo de Dios y lo que ese hecho significa para los creyentes, no habrían otras motivaciones para ansiar la llegada del mes de diciembre y su consustancial navidad, sino al contrario, este periodo es el de más dificultades para los pobladores de este diminuto terruño del planeta tierra. En diciembre se encarece todo, debido a la demanda que se genera de todo tipo de artículos. Este año por ejemplo, todos los comestibles han subido de precio, pero en este periodo suben de nuevo.
El tránsito vehicular, inmerso en un caos cuasi insuperable, en diciembre es intransitable y un verdadero desorden, principalmente en el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo. Aumenta el transporte de carga que surte al comercio, cuyos choferes, atento a machos se paran en el medio de las calles a descargar mercancías.
Igual que el transporte público de pasajeros tiene licencia para no respetar nada ni a nadie, pues ninguna autoridad se mete con ellos. A ese ambiente tóxico se unen los motociclistas, que salvo excepciones son un peligro público, especialmente los motoconcho y los del oficio de atracar. Todos están en la calle provocando accidentes y asustando gentes.
Diciembre y Navidad, es un periodo de endeudamiento impuesto por la tradición: Se embellecen las viviendas, se adquiere ropa nueva, se viaja donde familiares, se hace la cena especial navideña, sustituyen ajuares del hogar, se saldan deudas y demás.
El empleado de salario miserable espera ansioso el salario 13, que no le alcanza para cubrir las necesidades más imperiosas ni guardar para comprar los reyes en enero. Como colmena, los pobres invaden las calles del comercio para gastar lo que tengan.
En esta locura no faltan los carteristas, viejos personajes que le vacían los bolsillos a cualquiera. Las gentes no caminan por las aceras porque están ocupadas por usurpadores de espacios públicos, con la indiferencia y apoyo del gobierno local como ocurre en el Distrito Nacional.
En Navidad, el presidente de la República, legisladores y funcionarios, empeñan los votos de los más necesitados a cambio de cajas con algunos alimentos de pobres, comprados con dinero del pueblo. ¡Qué burla!
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez

