Opinión

Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Textos integrados

Señor director:

Si alguien le hubiera concedido una mínima habilidad de estratega al ministro de Educación, Melanio Paredes, hubiera pensado que el lío inane y los volátiles argumentos esgrimidos contra los Textos Integrados, eran una táctica, dentro de la esfera educativa, para desviar la atención pública de las exigencias del 4%.

Argumentos, hay que enfatizarlo, que no aparecen claramente como opinión oficial de la respetable Academia de la Lengua de la República Dominicana correspondiente, con garbo histórico, de la Real Academia de la Lengua, que “limpia, fija y da esplendor” al idioma de Cervantes.

Esa academia,  fue presidida con mesura y tacto por el ilustre filólogo  Mariano Lebrón Saviñón y  hoy la honra y preside el fecundo filósofo y literato  Bruno Candelier, en esos días fuera del país.

No se trata de asuntos lingüísticos o morfológicos ni de uso y costumbre de la lengua, sino de la mera y espontánea opinión, acertada o no, que no representa, por sí misma, el criterio  límpido y discreto de la Academia de la Lengua.

Se trata de asuntos exclusivamente técnicos en el área pedagógica y del dominio reservado a los técnicos en que los efectos estan rígidamente concatenados con sus causas específicas.

El verdadero estado de la cuestión es si el Texto Integrado contribuye o no a la enseñanza de la lengua y a su integración intelectual en la mente del alumno. “Sirve o no sirve, esa es la cuestión”, dijo el poeta inglés. Todo lo demás es pura bambalina.

Lla alta jerarquía ministerial, convocó, con amplitud y sensatez, a una reunión de técnicos para discutir esa temática técnica y, obviamente, con argumentos técnicos. Hubo ausencias explicables.

En este contexto se destapa, brillante, Liliana Montenegro, doctorada en Ciencias del Lenguaje por la Universidad de Toulouse-Le Mirail de Francia, y que dirige el Centro de Excelencia para la Capacitación de Maestros en República Dominicana (Cett-RD).

 

Pocos están revestidos de la autoridad de esta valiosa profesional, orgullo nacional, para discurrir con propiedad. Y así lo hizo.

 

Sesudamente, llamó al pan pan y al vino vino. Y abogó porque cada uno discurriera dentro de los valladares técnicos de su profesóon.

 

Ejerció la loable dictadura del talento, de la experiencia y de la capacidad profesional que ostenta.

Atentamente,

Francisco Dorta-Duque,

Santo Domingo

El Nacional

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