Opinión

Cartas de los lectores

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Emigración haitiana

Señor director:
Se está jugando al gato y al ratón con la emigración haitiana. Es peligrosa, sea legal o ilegal. No hay regla de juego para fijar los alcances de los haitianos que vienen a vivir a la República Dominicana. Esa inercia y hasta irresponsabilidad, es jugar con fuego.

Nadie puede decir con exactitud la cantidad de haitianos que hay en el país. Las estadísticas tienen que fallar cuando la mayoría no está registrada, carece de papeles legales y trabaja a la libre en la industria de la construcción y la agro-industria.

Lo primero es regular a los ilegales. Todo el que esté en la República Dominicana sin el registro legal, tiene que ser deportado. Establecer controles totales en la frontera, para evitar que esos sin papeles retornen.
La invasión masiva de haitianos ha sido de siempre, pero ahora es más atormentadora.

Ante el abandono que vive Haití, el país se convierte en la esperanza de esos migrantes. Pero con su crisis interna propiciada y generada por las grandes potencias, se encuentran en el fondo del infierno.

La crisis haitiana no puede ser solucionada desde la República Dominicana. Puede ser el país solidario, pero no echarse a cargo los graves problemas de una nación neo-nata. Aun así, esa inmigración ilegal parece que fortalece capitales.

Es una mano de obra barata, sin ningún tipo de conquista laboral, que prefieren los ingenieros y los agricultores. No es que el dominicano sea vago o no le guste trabajar. Se trata de los bajos salarios, la ausencia de seguro médico y pésimas condiciones laborales. El haitiano no exige nada. Lo único que pide es que lo dejen dormir donde trabaja, unos cheles de salario y una anafe para cocinar.

Los mecanismos legales que se han aplicado para regular la inmigración han sido fallidos. Tuvieron irresponsabilidades de inicio, pero tampoco se han aplicado. Da la impresión de que se ha seguido a pie juntilla todas las recomendaciones de los organismos internacionales en lo referente a los ilegales.

Los dominicanos tienen que rechazar las presiones de personalidades y organizaciones que desean que la crisis de Haití la solucionen de este lado de la frontera. En nuestra situación económica y social, es imposible que dominicana pueda aportar soluciones para Haití. Además, sus asuntos internos tienen que ser enfrentados y enderezados por ellos, y no por nosotros.

Atentamente,

Manuel Hernández Villeta

El Nacional

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