Degradación
Señor director:
La honorabilidad y el rol de los congresistas dominicanos se han ido cualquierizando con los partidos y sus politiqueros. Los intereses individuales y de grupos los ha hecho perder la noción de los principios, lo ético y lo moral.
Nada los inmuta, ni siquiera escándalo como el del Senador por Puerto Plata, de quien se denunció que no puede justificar los bienes que posee. Ni lo del diputado Leyvin Guerrero, por San Cristóbal, representante de los Trujillo, a quienes les quiere levantar un palacio y un partido para su promoción familiar y política, a los fines de limpiar la imagen del régimen más autoritario, asesino y ladrón que ha tenido este país.
¿Por qué no presentó un proyecto tendente a mejorar la calidad de vida de los pobres de San Cristóbal?
Otra pregunta: ¿Será Juan Hubieres el de peor conducta entre los congresistas o es que de él se saben más cosas que de los demás? Bueno, él sirvió para poner en evidencia el descaro con que estas gentes se reparten el dinero del pueblo para su uso personal.
¿Y en qué terminó el lío del bondadoso diputado que liberó a un detenido de Aduanas con más de cien mil Euros traídos del exterior sin declararlos? ¿Y cual será el próximo capítulo de la novela del senador por La Altagracia, Amable Aristy Castro? ¿Cabe en Excel, la digitación de la deuda del senador Félix Bautista con este pueblo? Y ahora se han agregado legisladores que golpean a sus parejas, es decir que son violentos.
La campaña reeleccionista que encabezan los legisladores del Partido de la Liberación Dominicana en violación a lo que manda la actual Constitución que ellos mismos, como Asamblea Revisora aprobaron, descalifica su representatividad poblacional, y es abusar de sus electores, del poder y de la democracia.
Todavía estamos sorprendidos de la pantalla que hicieron al evaluar cientos de interesados en dirigir la Junta Central Electoral y la Cámara de Cuentas, sabiendo que tenían preseleccionados los aspirantes, que eran aquellos que aspiraban a continuar en esos cargos.
Sabemos que hay dos o tres decenas de legisladores serios, pero, lamentablemente, están reburujaos con la gran mayoría de aquellos en quienes la gente no cree. Da pena y vergüenza, pero estamos en presencia de un Congreso en degradación.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo

