Opinión

Cartas de los lectores

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El Juan Bosch que conocí

 Señor director:

Si el Profesor Juan Bosch estuviera vivo, no habría cabida para los corruptos en el PLD. Esto es una muestra de humildad y honestidad de este hombre. A falta de Bosch, los altos precios del petróleo y el oro eliminarán la corrupción en la República Dominicana.

Juan Bosch. En el 1973, un día que no recuerdo, recibo una llamada al departamento de Ingeniería Química de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) de Mildred, la secretaria de Juan Bosch, de que se iban a reunir en mi casa para barajar los nombres de lo que iba a ser el grupo profesional del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Para mi era un gran honor  que el profesor Bosch se reuniera en mi humilde casa.

Este ilustre hombre, Juan Bosch, se  sentó en una mecedora de RD$2.00  de 4 que me regaló la Orquesta Universal de Cotuí a su regreso de un baile que tocó en Barahona. Cuando iban a Barahona les hice una limonada a los miembros de la orquesta en mi humilde casa. 

Por otro lado, yo siempre me he preguntado, ¿por qué el Profesor Bosch, Don Juan como le llaman los peledeístas, seleccionaría mi casa para esa importante reunión?

Hoy, casi 40 años después probablemente tenga la respuesta. Y la respuesta podría ser: el PLD está inundado con gente de mentalidad corrupta. Nadie va al PLD, al PRD, al PRSC y los demás partiduchos que le sirven de alicates a trabajar para la población dominicana.

En la reunión estaban Juan Bosch, Vicente Bengoa, Euclides Gutiérrez Feliz, Toñito Abreu, tres más que no recuerdo y yo. Los demás  no estaban, los conocí con el transcurso del tiempo. Los que conocí y traté después están, entres otros: Leonel Fernández, Danilo Medina, Temístocles Montás, Felucho Jiménez, Radhamés Segura, Melanio Paredes, Bienvenido Pérez y Gustavo Sánchez, entres otros.

Recuerdo que los asistentes nos sentamos alrededor de una mesita de también RD$2.00 que compré en el Mercado Modelo de Santo Domingo. Aunque ustedes no lo crean todavía tengo la mesita como recuerdo, aquí en NYC.

Recuerdo que en mi casa habían tres perros: Poby, Mickey y yo que era el tercer perro. Todos veníamos de Cotuí.

Voy a contar esta historia en vista de que no tengo aspiraciones de volver a República Dominicana con tantos corruptos. En parte, y muy en breve, contaré la historia de algunos de los personajes que más traté en dicha reunión y después de ella, hace casi 40 años. Voy a contar estas historias sin ánimo de llamar la atención porque, como dije antes, yo no pienso ir jamás a vivir en la República Dominicana con tantos corruptos.

Atentamente,

William Jerez

El Nacional

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