Los cañeros
Señor director:
Una representación de miles de trabajadores retirados de la industria de la caña, haitianos y dominicanos, sostienen una reclamación laboral al gobierno, que, además de humana y justa, es legal, a pesar de no estar bien documentada. Personas de hasta 94 años que trabajaron en la era de Trujillo y también laboraron en la etapa de la amañada democracia actual, están reclamando el beneficio a que aspira el trabajador al correr de los años, que es la pensión o jubilación.
Esos trabajadores son la reminiscencia de la gente seria del pasado, cuando la vergüenza era parte consustancial de las personas, ordinariamente adornadas por valores de honestidad, responsabilidad, solidaridad, transparencia y equidad. Ellos deberían ser evaluados como lo que son, y conforme a los resultados, fuera de mala fe, aprobar o rechazar su demanda, que sería de corto disfrute, pues se trata de gentes de edades por encima del promedio de vida de los dominicanos y dominicanas, además de la escasa posibilidad de tener dependientes menores de edad.
Cinco mil pesos mensuales, que es el monto de su demanda, equivalen al aporte de un limosnero a un mendigo de los que deambulan por nuestras calles en busca de un pedazo de pan. 5 mil pesos serian, literalmente, una hormiguita, pulverizable por los cimeros y privilegiados sueldos y abundantes bienes e inmuebles que usufructúan los altos servidores de las cosas del Estado, o bien, de los que se han servido de dicho Estado. La instancia correspondiente debería preferir darse por engañada por unos cuantos vivos, antes que cometer la injusticia de negarles su derecho a la generalidad de los reclamantes.
Esos humildes reclamantes de derechos laborales pudieran ser tratados y beneficiados como ocurrió con unos cuantos excombatientes constitucionalistas de 1965, o, como hizo el gobierno con trabajadores del sector privado, como es el caso de los periodistas, o volver a usar los privilegios que la Constitución le otorga. El trabajo de los cañeros es sumamente duro, uno de los mas duros en lo que a esfuerzo se refiere. Para saberlo no hay que practicarlo, bastaría presenciarlo por algunas horas. Es nuestra opinión que cualquier plan para beneficiar a dichos reclamantes sea igualitario para haitianos y dominicanos, si se quiere ser honesto, equitativo y justo con cada quien.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez
Santo Domingo

