Para el prójimo
Señor director:
Los barrios de Villa María y Mejoramiento Social le regalaron a la madre en su mejilla un beso y a su espíritu un canto. En su pecho, colocaron un simbólico corazón de color rojo carmesí y a Dios le piden para que sigan siendo ejemplo de ternura y amor filial.
Al adulto, paciencia; al joven, una orientación, y al niño, los libros para su educación.
Para el barrio, paz, pan y trabajo, y justicia para quienes desde lejanas celdas imploran libertad.
Ardua es la lucha, tesonero es el esfuerzo, pero a la larga la recompensa será la satisfacción del deber cumplido.
La construcción de un barrio justo y humano, donde todos y todas tengamos el derecho de vivir como hermanos, es la sagrada aspiración de una institución, que, desde abajo, observa el resplandecer de un nuevo sol y visibiliza un norte promisorio.
La apuesta no es a un barrio perfecto, pero sí al cambio de comportamiento, al compromiso y a la unidad.
Luchar por espacios de salud, educativos y recreativos para nuestros adultos, infancia y juventud, es tarea de todos.
Nuestra utopía es ver a nuestros envejecientes sanos y a nuestros hombres y mujeres levantarse junto al alba en busca del sustento de los suyos.
Calles limpias y asfaltadas, libres de desechos, con sus casitas pintadas y con sus arboles reverdecientes, es el deseo ardiente de una entidad que vela y se desvela por el desarrollo de sus munícipes.
Creer en el prójimo para crecer en un ambiente de armonía, seguridad y solidaridad, es el sueño de una institución que hace realidad la misión de su existir.
La visión de una noble entidad llamada Fundación Villa María, Mejoramiento Social (Funvimameso), que, desde su horizonte cristaliza su praxis y con afán, tesón y ardor trabaja y lucha para que el barrio alcance la seis C: que lo hagan consciente, crítico, contemplativo, comunicativo, creativo y comprometido.
Demos gracias a Dios, a los hombres y a las mujeres de la fundación Villa María, por hacernos felices y por convertirse en los encantadores jardineros que cada día riegan las flores de nuestros espíritus.
Atentamente,
Nélsido Herasme
Periodista

