Por no aprender
Señor director:
Cuando hace 2000 años, un hombre excepcional predicó la doctrina del amor al prójimo (la palabra se hizo carne y habitó entre los humanos), lo hizo exponiendo el principio básico de la no resistencia al mal con la violencia.
Sus palabras fueron: oísteis que fue dicho a los antiguos, «ojo por ojo y diente por diente»; más yo os digo: no resistáis al mal; antes a cualquiera que te hiriere en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra. Oísteis que fue dicho: amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo; mas yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y persiguen.
En dos milenios transcurridos, la humanidad ha sido sorda a esos predicamentos. Ha sucedido lo contrario y, peor aún: el ojo se ha sacado al prójimo por egoísmo, no por venganza, y lejos de amar a ese prójimo, se aborrece como al enemigo; y a éste, para demostrar la magnitud del odio de que es capaz de engendrar el hombre incivilizado, se elimina.
El fracaso del género humano, ha sido no estar a la altura moral y espiritual, que la sola bendición de Dios, debió infundir a los primeros habitantes del planeta (Adán y Eva en el comienzo y Noé y su parentela después del diluvio).
El fanatismo religioso inducido por la dirigencia eclesiástica con el argumento perverso de «Dios lo quiere», se sigue inculcando, ya no desde el púlpito, sino desde enclaves mahometanos, y también desde la tribuna imperial.
Si la humanidad hubiese asentido a la enseñanza del hijo de José y María, el paganismo hubiese sucumbido antes, el papado hubiese sido diferente, y ni las cruzadas ni la Inquisición, hubiesen existido. Más importante aún, los ejércitos no hubieran subsistido, y no se hubieran tragado las economías de los países, como sucede actualmente con el ejército del imperio, que lo está llevando a la bancarrota.
Hace 120 años, en el Congreso de la Paz Mundial, en Londres, Frederic Passy dijo: «Nos estamos arruinando por querer participar en futuras masacres o por tener que pagar los intereses de las deudas que generaron masacres dementes y criminales en el pasado. Nos estamos muriendo de hambre para poder seguir matando».
La secuela de no aprender del hombre que hace dos milenios demostró con hechos lo que predicaba, es el desastre social en que vivimos.
Atentamente,
Vicente Tapounet
Santo Domingo

