El modelo de Fidel
Señor director:
En medio de sus veleidades seniles, Fidel dijo una media verdad: El modelo cubano ya no funciona.
Es media verdad porque en la Cuba de Fidel ni hay ni nunca hubo un modelo operacional. Todo se hizo y se hace con el carisma de la improvisación, bajo el paradigma de la destrucción y de la negatividad. Un modelo que en lugar de tener un objetivo positivo, su meta estaba teñida del odio, el resentimiento y la esquizofrenia. Como decíamos sus compañeros en Belén: obra del loco Fidel .
Es media verdad porque Fidel dice: Ya no funciona. Pero es que nunca funcionó.
No es que ahora, con Raúl, como parece afirmar Fidel, no funciona. Es que con Fidel nunca funcionó tampoco.
El modelo no funciona desde que Fidel atacó y destruyó y antagonizó el mercado multimillonario de Estados Unidos. Bajo el signo del odio.
El modelo fracasó cuando Fidel expropió y se incautó de la industria azucarera cubana. La unidad de mando es esencial para un solo ingenio con sus campos de caña y sus colonos. Pero la múltiple y variada industria azucarera cubana, con sus 164 ingenios, cada uno con sus modalidades individuales, no podia ser manejada por un solo ministro del Azúcar. Por eso también fracasó el modelo.
El pueblo decía: Sin azúcar no hay país. Y Fidel destruyo el azúcar y, obviamente, destruyó el país. Y todo con su modelo. Desde sus orígenes.
Cuando confiscó las vegas de tabaco de Vuelta Arriba y de Vuelta Abajo, toda la industria cigarrera y tabacalera de exportación también colapso. Ahí ya fracaso el modelo cubano de Fidel.
Recuerdo que al final de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill quiso visitar La Habana. Y cuando se asomó a la escalerilla del avión, con todos los reporteros de Cuba y los flashes frente a él, Churchill empinó su mano izquierda, entre cuyos dedos humeaba un habano, para decir: Cuba está siempre en mis labios .
Y Fidel destruyó el habano.
Al anatematizar el mercado americano, ahuyentó el turismo del norte que aumentaba los puestos de trabajo y llenaba las arcas. Y las nietas de aquellas prostitutas, vestidas hoy de jineteras deambulan en el Malecón habanero porque es una juventud frustrada, sin rumbo ni metas.
No funcionó desde desde sus orígenes.
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque,
Santo Domingo

