El Congreso
Señor director:
Con congresistas como los del Congreso para el Progreso, este pueblo no necesita más enemigos y la muestra fehaciente es el engendro maligno de Constitución que quieren darnos esos demócratas, para despojarnos de derechos fundamentales.
En los congresos que nos damos, siempre hay de todo, como en botica, pero no tenemos precedentes de uno como el actual, mayormente conformado por desacatados negociantes y millonarios soberbios.
Algunos, muy orondos, externan que son soberanos, pero obvian que la soberanía se la damos los votantes, para que nos representen sin burdas discriminaciones.
Indigna que obvien que muchos que no militamos en partidos también somos sus representados. Entonces, es una insensatez su pretensión de legislar para complacer al presidente, al jefe del Partido Revolucionario Dominicano, PRD, quien aspira a relevar al presidente actual, y a los empresarios.
Probablemente, esos diputados y senadores, casi todos reeleccionistas, están apostando a la desmemoria de muchos votantes, pero es difícil que perdonemos a quienes han sido incapaces de practicar lo que predican y, en cambio, nos dan escándalos al por mayor y al detalle.
A la diputada que les dijo, borregos a sus colegas, le faltaron estos adjetivos que a algunos muy bien les encajan, deshonestos, tramposos y entreguistas, y peor aún, son una vergüenza nacional.
Y aun siendo eso, su vanidad es tal que manifiestan un infinito desprecio por sus representados del medio y de abajo. Por eso, no toman en cuenta nuestro sentir y se ponen de acuerdo para cercenarnos conquistas inalienables.
Y muy bien lo saben los congresistas que practican lo contrario de lo que dicen y se dan la gran vida con los recursos que aportamos. Como pretenden seguir en los mismos menesteres, lo ideal seria darles una gran lección, diciéndoles no en las urnas. Máxime a los soberbios y sus titiriteros, que se repartieron la Constitución, y nos endilgan epítetos peyorativos a quienes diferimos de ellos por creer que aplicaron el dicho de que al que reparte y reparte le toca la mayor parte, quizás les ayuda este proverbio: Dios siente antipatía por los de corazón orgulloso y altanero, estos tarde o temprano, no queda sin castigo.
Atentamente,
Lic. Teresa Gómez
