País enajenado
Señor director:
La soberanía de una nación es la seriedad y el respeto supremo del poder político del Estado, por lo que ningún patrimonio del pueblo se puede enajenar, tal como lo expresa la carta magna hasta el día de hoy.
Sin embargo el presidente Leonel Fernández y Miguel Vargas Maldonado, han firmado un acuerdo de modificar muchos puntos, uno de ellos impedir a los dominicanos el libre acceso a playas, ríos, canales, arroyos y lagos y negar al ciudadano común el derecho de elevar recursos de inconstitucionalidad, así como abolir la carrera del Ministerio Público.
Partiendo de la Constitución de 1884, que en su articulo 2 establece que ninguna parte de nuestro suelo podrá ser enajenada. La constitución de 1942, en su artículo 3, dice que el territorio dominicano es inalienable, e incluye expresamente en esta denominación a las islas adyacentes. La Constitución de 1966 en su artículo 5, también define el patrimonio público.
Los congresistas dominicanos debieran ser un poco más estudiosos de los deberes y derechos ciudadanos. Es inexplicable que se prestaran a aprobar el artículo 10 de la nueva Constitución.
Es tarea del Congreso proteger los bienes dominicanos para el disfrute ciudadano.
El afán de los legisladores en aprobar ese asunto obedece a la necesidad de controlar los recursos acuíferos para favorecer a empresarios cercanos a la política del gobierno y manejarse a través de hoteles o industrias de cemento, igual que de industrias de expendio de agua, por lo que esa ley tiene incógnitas.
Atentamente,
Isaías Peguero Corporán
Santo Domingo
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La violencia
Señor director:
Uno quiere pensar que este país todavía es uno de los mejores del mundo, pero los niveles de inseguridad ciudadana en que nos desenvolvemos nos llevan a pensar lo contrario.
Los diarios y los noticiarios están cargados de crónicas sobre hechos de violencia, y parece que a ninguna autoridad le preocupa la situación.
El Presidente y los funcionarios sólo dicen que eso no es cierto. Como si uno no estuviera viviendo en este medio y percibiendo cada día el peligro de cerca, la amenaza que uno no sabe en qué momento puede convertirse en realidad.
Aentamente,
Julia Castillo
Santo Domingo
