Enfoque semanal
Señor director:
Es indudable que a partir de la reforma constitucional del año 1990, que estableció el Consejo Nacional de la Magistratura, y por consiguiente el método de elección de los magistrados de nuestros tribunales, la Justicia ha dado un transcendental paso de avance.
La reforma no ha sido completa porque se debate en la Asamblea Revisora de la Carta Magna, el Estatuto del Ministerio Público, para que no dependan del Poder Ejecutivo los nombramientos de los fiscales nacionales, que integran el 50% de los tribunales.
Pero los pasos de avance que se han dado con la creación de la Escuela Nacional del Ministerio Público han sido de tal magnitud, que la efectividad de la persecución y castigo a los infractores de la ley ha pasado, de apenas un 16% en el antiguo sistema. a un 75% con las normativa del nuevo Código Procesal Penal.
Esto ha sido posible, y así hay que decirlo, porque, tanto el presidente Leonel Fernández, como el Procurador General, doctor Radhamés Jiménez, están comprometidos con este proceso de transformación de los mecanismos de impartición de justicia, tal y como lo exige el siglo 21 en que estamos inmersos.
La carga de la prueba y la dirección de las investigaciones criminales están a cabo de una pléyade de jóvenes que han sido entrenados en las teorías jurídicas más avanzadas y en el manejo de los instrumentos científicos que sirven para recoger las evidencias en la escena de los hechos, para que las argumentaciones en los estrados estén sustentadas en hechos.
Y sobre todas las cosas, hay que destacar la celeridad con que se imparte justicia, que ya los procesos en instrucción no duran años y años, y que ha quedado atrás la iniquidad de que un ciudadano pobre, que no ha podido pagar una garantía económica, como se llama ahora a las fianzas judiciales, pase cinco años tras las rejas para finalmente ser descargado por falta de pruebas.
Al Ministerio Público ya no se entra por favoritismos políticos, por amiguismos o lazos de familiaridad, sino por vocación, dedicación y esfuerzo. Hay que felicitar a Radhamés Jiménez, el culto y acucioso máximo representante del ministerio público, a quién cae como anillo al dedo el adagio jurídico latino de res, no verba, es decir hechos y no palabras.
Y hasta el próximo domingo, con más Jerez y más Whisky.
Atentamente,
Jerez Whisky
Santo Domingo
