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Casas al aire

Casas al aire

El artista Enrique Cerda se inició en el arte de la pintura buscando en la naturaleza aquellos elementos que, por sus valores mágicos, acentúan una visión confluyente como temática y forma estético-visual.  En su caso, lo que se narra en el lienzo es la vida misma de las formas ocurrentes en el encuentro entre cultura y natura.

El artista ha creado un sostén donde la figura humana se presentifica mediante signos y funciones connotativas en el universo de una ficción, una fábula y un locus a partir de los cuales la magia de lo natural cobra sentido en una relación que activa el espacio caribeño como origen, memoria, sueño y color.

Poseído por aquella visión que no solo busca, sino que también interroga la materia dando cuerpo a la imagen, el artista indaga allí donde lo lúdico forma parte del escenario fluyente, evanescente y táctil de la cultura, siendo así que en el espacio de su obra aparece como tensión la casa, el suelo, la nube, la máscara, el árbol y otros elementos en una síntesis poética y festiva de dirección trascendente y onírica.

El artista ha creado un sostén donde la figura humana se presentifica mediante signos y funciones connotativas en el universo de una ficción, una fábula y un locus a partir de los cuales la magia de lo natural cobra sentido en una relación que activa el espacio caribeño como origen, memoria, sueño y color. 

Lo narrado a través de lo figural-lúdico es precisamente lo que pelea con el inconsciente cultural, habida cuenta de la historia híbrida del mundo natural.

La casa-hombre, la casa-memoria y la casa-forma constituyen una proyección de la mirada cuya función aliena, construye, particulariza y sostiene todo lo que se afirma como significante plástico y contenido profundo de una forma que define el perfil extático del cuadro, allí donde lo que origina el sentido es precisamente el orden y la perspectiva natural de los signos acogidos como prueba de un arte de la pintura propio de la cultura caribeña.

Podríamos decir que en una perspectiva estético-pictórica Enrique Cerda (Santo Domingo, 24-6-1978) unifica su línea de libertad en el  contexto de una inscripción artística particularizada en la narrativa poética, telúrica y onírica de estas obras.

 El artista ha sabido escoger y disponer sus elementos en el nivel de superficie y profundidad de cada cuadro o texto pictórico. 

Lo que en este caso podemos observar es justamente el significado del modelo y el tipo representativo de esta muestra.

Ya en la expo-individual Caña y Batey (2007), Enrique Cerda utilizaba la casa como elemento maravilloso en un marco dibujístico particularizado por el tipo mágico y el objeto performativo. 

La levitación y la evanescencia representadas mediante una factura marcada por el rumor onírico, no definen necesariamente una tendencia surrealista de estas pinturas. 

Más bien, de lo que se trata es de una determinación de la mirada pictórica en el contexto de una creación visual que ya tiene su propia historia en el arte caribeño de nuestros días.

La policromía equilibrada y los viaductos naturales, junto a la tensión entre naturaleza y cultura, cobran su significación mediante el uso de “cromatemas” o unidades colorísticas funcionales incidentes en el nivel de superficie del cuadro. 

La composición analógica utilizada como procedimiento artístico en estas piezas, motiva una presencia lúdica y, como ya hemos destacado, mágica en su extensión de sentido y lectura de lo real. 

La existencia de tonos, intensidades y cualidades en el espacio de lo pictórico, actualiza un orden desde el cual se puede observar el acento significante y significativo asumido en las variables y constantes artísticas de estas imágenes pictóricas.

En el caso de esta muestra, lo presentificado como casa y tierra, aire y veleidad, levitación y movimiento, recompone las líneas intencionales de un modo de existencia mediante un inconsciente cultural y lúdico valorado en la obra como huella telúrica y símbolo; éxtasis de una mirada que tipifica un escenario marcado por la visión mágica y dinámica de sus elementos tutelares.

Es así como naturaleza y acto, reflejo y sentido, transgresión y orden, conforman la mirada visual de Enrique Cerda.  El paisaje y el color, síntesis figural y topográfica levitante, generan y por lo mismo traducen un arqueado compositivo ligado a la naturaleza móvil de los tramados de cada cuadro y de cada locus visual. 

En una técnica (óleo-lienzo) sin muchos artificios ni procedimientos expresamente visuales en la fijación de los elementos del cuadro, el artista presentifica un tipo de artisticidad sellada por constituyentes figurativos propios de un arte dominicano y caribeño en cuyo fundamento leemos las diferencias, cardinales y sentidos de la tardomodernidad.

En sus juegos y suspensiones naturales, lo que es la obra, dice en vértigos telúricos sus puntos conformantes y líneas de sentido; tropos visuales, elementos aglutinantes de la visión lírica y otros signos interconectados, justifican una imagen tensiva de la naturaleza y la cultura, del imaginario en lo visible y de  lo visible en el imaginario artístico.

El Nacional

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